Crítica de “Encantador” de José María Cicala

Cuando la aparente calma esconde pesadillas

En “Encantador”, el director José María Cicala nos traslada a Palacios, un pueblo ficticio filmado con enorme personalidad en la localidad santafesina de Elortondo. En este escenario, la calma aparente sirve como el lienzo perfecto para un perturbador thriller de suspenso

A partir de esta premisa, la historia sigue a Tomás, interpretado por Rodrigo Noya, un joven servicial y modélico de día que divide sus horas entre la atención en el videoclub y su trabajo en la clínica del pueblo. Sin embargo, bajo esa fachada de vecino ideal, esconde una relación enfermiza con su madre y una oscura colección secreta de muñecas que fabrica por las noches. 

Este frágil equilibrio se altera cuando Tomás se enamora de Tina (Griselda Sánchez), una camarera y paciente de la clínica que padece un singular trastorno psicológico: la dificultad para relacionarse debido a que confunde cualquier forma humanoide con personas reales. Dicha condición genera un espejo inmediato y perturbador con la obsesión del protagonista por sus creaciones plásticas. 

Paralelamente, la tensa normalidad de Palacios se rompe definitivamente con la misteriosa desaparición de tres mujeres. El caso atrae al recién llegado inspector Porter (Alejo García Pintos), quien choca de inmediato con la parsimonia de un comisario local que se resiste a creer que el horror camina por sus tranquilas calles. Con la investigación en marcha, los secretos del pueblo comienzan a crujir

Para sostener este relato, Noya se despoja por completo de su eterna imagen de niño pícaro o nerd inocente para encarnar a un psicópata sutil. El actor logra una ambigüedad brillante entre la ternura y la pura amenaza, manteniendo la tensión con miradas incómodas tras sus anteojos.

Vale destacar que este trabajo consagratorio ya le valió los premios a Mejor Actor en festivales internacionales de género como Screamfest y Fantasporto. A su lado, leyendas como Arturo Puig y Mario Alarcón aportan una cuota de costumbrismo y misterio que le da una solidez enorme al elenco secundario. 

Transitando justamente entre los estilos de Alfred Hitchcock y David Lynch, Cicala construye una obra ambiciosa que rinde claros homenajes al cine de suspenso clásico y al surrealismo extraño. El largometraje se hace fuerte a pesar de abarcar varios géneros sin perder su potencia hasta el impacto del desenlace final

En el aspecto técnico, el diseño de arte y la fotografía de los años 80 aprovechan de manera impecable las locaciones rurales y los comercios reales, dándole a la película una textura sofocante y atemporal. Por su parte, las secuencias que involucran a las muñecas recuerdan al “giallo” italiano, jugando de forma inteligente con las sombras y la incomodidad del espectador. 

En definitiva, durante la primera mitad el tono oscila de manera fluida entre la comedia negra y el policial, pero a medida que el misterio avanza, el drama y el suspenso toman fuerza hacia el impacto del clímax. De esta forma, el film complace tanto a los fanáticos del gore psicológico como a quienes buscan una sátira del costumbrismo pueblerino

Como conclusión, “Encantador” se consolida como una valiosa producción del cine de terror argentino moderno, impulsada por una imperdible actuación de Rodrigo Noya en una faceta madura y siniestra. Su propuesta visualmente impecable demuestra que los pueblos más tranquilos suelen esconder las peores pesadillas.

Estreno 24 de septiembre

 

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