Se trata de producciones que esquivan las fórmulas del circuito comercial para proponer interrogantes complejos desde diferentes secciones de la grilla. En Everytime, que forma parte de Ganadores de Grandes Festivales, la austríaca Sandra Wollner aborda el impacto de una pérdida repentina; en Rose, programada en Panorama, Markus Schleinzer reconstruye la historia de una mujer que asume una identidad masculina para sobrevivir en la Europa del siglo XVII; y en The Only Living Pickpocket in New York, dentro del apartado Autores, Noah Segan dirige a John Turturro en un relato de suspenso que recupera los códigos del carterismo tradicional en una Nueva York analógica.Las huellas espectrales de la ausencia
Dentro de la sección Ganadores de Grandes Festivales, Sandra Wollner ratifica su condición de observadora minuciosa de los abismos vinculares con Everytime. El punto de partida opera como un mazazo a la vitalidad juvenil: tras compartir una noche de pulso electrónico en una rave, Jessie (Carla Hüttermann) y Lux (Tristan Lopez) se recluyen en una azotea. Es allí donde se produce un quiebre formal y anímico insoslayable; en un segundo de descuido y quietud, el cuerpo de la protagonista cae al vacío. Wollner descentraliza el peso de la fatalidad de los espacios comunes y decide escenificar el duelo en las playas de Tenerife. El cruce entre el entorno de esparcimiento estival y la devastación de la madre (Birgit Minichmayr) y la hermana de la joven (Lotte Shirin Keiling) le sirve a la realizadora austríaca para eludir el realismo plano. Con la asistencia de Gregory Oke en la dirección de fotografía —cuyo registro de texturas melancólicas ya había brillado en Aftersun—, el relato adquiere un temperamento fantasmático. La directora confía en el potencial dramático de la elipsis; no le interesa subrayar el calvario con golpes de efecto melodramáticos, sino indagar en el extrañamiento y en los silencios de quienes intentan procesar una pérdida inexplicable.
El apartado Panorama le abre las puertas a Rose, la rigurosa pieza con la que Markus Schleinzer regresa al largometraje histórico tras los pasos de Michael y Angelo. Situada en el violento ocaso de la Guerra de los Treinta Años, la narración sigue el derrotero de una mujer marcada físicamente por la brutalidad de la época, quien opta por travestirse y encarnar a un soldado muerto en combate para poder reclamar la propiedad de unas tierras baldías. Lejos de los facilismos de la crudeza explícita, Schleinzer adopta una austeridad formal que dialoga de forma directa con la herencia autoral de Michael Haneke y, en particular, con la sobriedad luterana de La cinta blanca. La fotografía en blanco y negro de Gerald Kerkletz aporta una cualidad pictórica que dota al espacio de un aire casi documental. La aparente masculinidad de la protagonista es examinada por los desconfiados habitantes locales en un juego de tensiones contenidas donde destaca el instinto de preservación. El conflicto alcanza su punto de mayor densidad ética cuando la protagonista asume un matrimonio de conveniencia y encuentra una aliada imprevista en Caro Braun, interpretada por una magnética Sandra Hüller (Toni Erdmann). El filme, en sintonía con la puesta en escena despojada de Ordet de Dreyer, termina operando como un sobrio pero contundente ensayo sobre las estructuras patriarcales.
Finalmente, en la sección Autores, Noah Segan presenta The Only Living Pickpocket in New York, un ejercicio que renuncia a los vicios del montaje contemporáneo para abrazar el ritmo pausado de las ficciones atemporales. Lo que se inicia bajo los códigos clásicos del “carterismo” de la delincuencia callejera, deviene paulatinamente en un agudo estudio de personajes sobre los márgenes de la modernidad. Harry —encarnado con notable aplomo por John Turturro— es un estafador chapado a la antigua cuyos instrumentos de trabajo pertenecen a un orden en extinción: billetes arrugados, relojes mecánicos y un absoluto desinterés por el universo virtual. Segan construye un aura de extrañamiento alrededor de su rutina mediante una cadencia en los diálogos que remite de inmediato a la literatura de Paul Auster. La irrupción de un agente revulsivo altera este microcosmos analógico y empuja al protagonista a ejecutar un último movimiento defensivo donde entran en colisión la ética del hampa y la frialdad corporativa. Enriquecida por apariciones breves pero determinantes de Giancarlo Esposito, Tatiana Maslany, Will Price y Steve Buscemi, la película destaca como una de las piezas más genuinas e impregnadas de una sincera melancolía urbana de la muestra.




