Es Cuando algunas madres (y un padre) de alumnos de séptimo grado son citados al colegio, el chat de whatsapp entra en un estado de caos y descontrol, donde las diferencias, los desacuerdos, los rencores y los secretos salen a la luz. De la mano de Marcelo Caballero, esta obra teatral titulada “Chat de mamis” nos ofrece una obra con un electo con mucho talento, de la mano de Eugenia Tobal, Carla Conte, Manuela Pal, Micaela Riera, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui donde el espectador puede disfrutar una fusión llena de diversión, humor, caos y reflexión.
La premisa es sencilla pero innovadora, cuando el disfraz de una alumna aparece destruido, la directora cita de manera urgente a aquellos padres cuyos hijos se encontraban en la escena del crimen. Allí juntos tendrán que resolver el misterio que los mantiene encerrados en una salita de primaria sin escapatoria. Con un comienzo ordenado, vamos conociendo a cada protagonista, todas/es representadas por una vestimenta particular que se diferencia por el color, algo muy característico en esta obra. Pero no es solamente el color los que los diferencia, sino la personalidad de cada una/o. Desde una madre estricta, a una madre permisiva. Estas diferencias harán que surjan acusaciones cruzadas, reclamos y reproches.

El desarrollo de la historia empieza de forma serena, pero poco a poco todo se va descontrolando. Aquí la actuación es el punto más fuerte de la obra, cada protagonista llevó a cabo su rol de manera extraordinaria, cada personaje terminó siendo diferencial pero también identificable. Eugenia Tobal, una de las estrellas de la noche, interpretó un papel interesante, una madre “cheta” con una personalidad infantil, engreída, inocente pero soberbia, que vive en otra realidad a las demás. Con la intención de ser “ingenua” por momentos, el humor que nos brinda es impecable, demostrando un nivel de actuación prominente, pero detrás de una cara, siempre hay un secreto. Carla Conte interpretó a una madre hippie pero estricta, con una perspectiva de libertad sobre la vida que difiere a las demás, demuestra tener sus defectos que la hacen tan diferente. de todas formas Carla sin duda estuvo a la altura. Manuela Pal, Mica Riera, Lionel Arostegui y Berenice Gandullo. No se quedan atrás sin ninguna duda, la rivalidad entre Manuela y Mica es uno de los puntos altos de la obra, provocando caos y diversión al mismo tiempo. Pero una de las grandes estrellas de la noche fue Karina Hernández, quien a su manera tomó el riel de la obra, presentando la problemática inicial, y apareciendo en los momentos oportunos para traer un poco de control al caos, pero su momento de brillar se dio cerca del final, cuando se adueña por completo del escenario, y nos da un monólogo que generó no solo risas sino que aplausos de todos en más de una ocasión. Sin duda supo brillar cuando tuvo la oportunidad. Y así en equipo, este elenco entrega un nivel sensacional digno de toda ovación y aclamación.

Otros de los puntos altos de la obra fue la escenografía, que en principio parece sencilla, pero luego demuestra que todo lo que nosotros vemos, tiene un uso e importancia. Desde las mesas hasta el escritorio, las mochilas, los percheros y la pizarra, todo tiene un uso, todo tiene un fin. Los efectos especiales hacen que la dinámica entre los padres y el grupo de whatsapp se sienta real. Los juegos de luces y los efectos de sonido también tienen un rol importante, porque dan vida a las situaciones trascendentales, desde la inspecciones del disfraz destruido como si fuese una escena de crímen hasta la verificación de las mochilas de los niños como si fuesen criminales. Todos estos efectos y juegos de luces le dan magnitud a la obra.

En conclusión, “Chat de mamis” consigue partir de una situación cotidiana entre padres y llevarla a un nivel de tensión y humor que se siente genuino en todo momento. A medida que avanza, lo que aparecía como un misterio y que involucra solamente a los chicos se transforma en un espacio donde surgen las diferencias, los prejuicios, las verdades incómodas y los secretos entre los personajes. El elenco sostiene la obra con interpretaciones increíbles y bien marcadas, mientras que la puesta en escena acompaña con recursos que potencian cada momento sin opacar lo esencial. El resultado es una experiencia entretenida, cercana y muy identificable, que no solo hace reír, sino que también deja resonando varias reflexiones al final.




