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“Colette” de Anthony Giacchino y Alice Doyard.

El anillo

Desde la perspectiva del psicoanálisis cinéfilo, este corto ganador del Óscar, no debe interpretarse como un documental más de los horrores de la guerra, sino como un gesto en dirección del buen olvido.Colette, película producida para un videojuego, ganó un Óscar a mejor corto documentalHacer una crítica al documental corto ganador del Óscar de 2021, comporta algo de riesgo. No tanto por la calidad técnica del mismo, la edición en 24 minutos de toda una historia, la fotografía; sino más bien por tener que abordar la temática que encara, un asunto que no resulta para nada novedoso, ni tampoco su tratamiento estético: “Colette” dirigida por Anthony Giacchino y Alice Doyard.

¿Se tratará de un nuevo homenaje a los millones de muertos y desaparecidos que produjo la fábrica nazi de matar? ¿Hasta dónde y hasta cuándo debe de seguir ondeando la bandera del recuerdo acerca de las brutalidades de la humanidad? ¿Glorias y deshonres a la misma humanidad, cuando hoy pueden ser unos y otros y ayer fueron los opuestos y mañana, quien dirá? ¿Porque no hacerle lugar al día del “olvido” en lugar del día del recuerdo? Éstas y otras preguntas que se hace esta cronista resultan de años de acompañar y colaborar tratando de dar nuevas respuestas a este tema tan delicado. Al respecto, se cree que son preguntas que también debemos hacérnoslas sin temer que ofendan.

Colette tiene 90 años y nunca ha ido a Alemania luego de finalizar la guerra (ella es francesa). ¿Para qué, se pregunta? Pero sucede que ella fue integrante de la resistencia francesa a la ocupación nazi junto con su hermano Jean Pierre. A él lo apresaron y lo enviaron al campo de trabajo forzado de Nordhausen, donde lo obligaron a participar, a título de mecánico, en la construcción de las bombas voladoras V2, los primeros proyectiles de bombardeo inventados por el hombre. No está de más recordar que Werner von Braun era el ingeniero físico alemán director del proyecto alemán, el que luego de la guerra fuera incorporado al staff de físicos e ingenieros de los EE.UU. y resultó el creador de las primeras misiones espaciales norteamericanas.

Jean Pierre murió en ese campo, seguramente por desnutrición o alguna enfermedad producto de la falta total de atención; o asesinado. Lo que se sabe a través del documental es que Colette decide ir a visitar el campo acompañada por una joven historiadora francesa de estos temas. Colette es alguien, singular, que ha sufrido por la muerte de su hermano, que no ha querido en 70 años investigar los aspectos mórbidos de la vida de Jean Pierre. ”He pasado ya la cólera, el enojo, pero ahora estoy sobrepasada por el horror”, dice al recorrer las instalaciones del campo. Finalmente llora lo que en años no ha llorado, en tierra extranjera, aceptando que pelear contra los nazis era un asunto que implicaba mucho riesgo y que no tenía vuelta atrás.

Desde la perspectiva psicoanalista, se puedo decir que el último gesto de Colette, es el que marca el comienzo del fin del duelo. Una vez cumplido, ella ya no será la misma. Pero hacía falta esa nueva pérdida, ese desprendimiento, que se articula con la de la muerte de su hermano.

Habitualmente se dice que el diablo está en los detalles. Cantinflas, aquel estupendo humorista mexicano de sabias y atinadas descripciones del hablar popular, siempre resaltaba que de lo que se trata es de los detalles. Es en esta dirección entonces que es muy meritorio el premio, si lo leemos como un gesto de cierre, de clausura, de final. No como un documental más de los horrores de la guerra, sino como un gesto en dirección del buen olvido.

 

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