“Cien años de soledad” de Rodrigo García, crítica.

La resiliencia, la perseverancia, son de las cualidades humanas más valiosas que hay. Son aquello que permite seguir adelante, aguantar los golpes de la vida y devolverlos hasta conseguir el objetivo. Podría ser formar una familia, mudarse de ciudad, vivir una vida deseada. Levantarse después de cada caída, eso es lo que importa. Encontrar una razón y un motivo por el cual vivir.

La historia de “Cien años de soledad”, al igual que en el libro homónimo, trata sobre la familia Buendía. Sobre cómo esta familia vive maldita, generación tras generación, por la unión de la pareja Buendía original. Dos primos que quedan malditos tras casarse, y se ven forzados a huir de su pueblo debido a que un fantasma los acecha. Así, al cabo de un éxodo de dos años, llegan a un paraje donde deciden fundar un pueblo, Macondo.

La familia Buendía está compuesta, principalmente, por cuatro integrantes. José Arcadio y Úrsula, la pareja de la primera generación. Él es un soñador y apasionado por la ciencia, quien tuvo el sueño de fundar Macondo. Mientras que ella, un tanto más supersticiosa, teme por el nacimiento de sus hijos y de una posible maldición surgida de su matrimonio con un familiar. Ambos tienen dos hijos, José Arcadio y Aureliano, este nace con el don de ver sucesos antes de que ocurran.

La historia de Gabriel García Márquez tiene muchas complejidades. Pero la resiliencia de los personajes es la clave para que esta se desarrolle. En un primer instante, José Arcadio y Úrsula podrían haber aceptado su destino, pero eligieron evitar la maldición y labrarse un futuro mejor. Aureliano es otro ejemplo, constantemente vive con presagios, ilusiones que terminan por ser realidad, y el no puede no aceptarlas como parte de su vida.

La serie, una coproducción Colombia-Estados Unidos a través de Netflix y Dynamo Producciones, consta de dos partes de ocho capítulos cada una, y cada capítulo promedia la hora de duración. Basada en la novela del mismo nombre, está escrita por José Rivera y María Camila Arias, entre otros. A nivel técnico vale destacar la fotografía, que combinada con los sets enormes y los planos hechos en clave plano-secuencia, transmite una sensación realmente inmersiva.

A modo de cierre, se puede decir que “Cien años de soledad” es una serie igual de compleja que la novela de la que se desprende. Pero gracias al lenguaje audiovisual y a una factura técnica desorbitante, logra entrar de una manera un tanto más sencilla al espectador. Misteriosa, dramática y llena de ese realismo mágico tan característico de la década de los 60 y 70.

Calificación

Dirección
Actuación
Fotografía
Música
Guion

La primera parte de esta temporada adapta una excelente historia de una manera correcta. Se siente a través de la narración esos párrafos extensos y descriptivos pertenecientes al material original.

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