Mañana jueves 26 de agosto llega a las carteleras de los cines “Candyman”. La última película de Nia DaCosta es un remake de la homónima de Bernard Rose, estrenada en 1992. Jordan Peele, el nuevo nombre de peso para los productos de terror, se encarga de producirla y participó en el guión. Buscando visibilizar la opresión sobre la comunidad afro y la discriminación por parte de la institución policial, brinda además varios sustos infartantes.
Desde hace décadas el barrio de Cabrini Green en Chicago es asediado por historias de un asesino en serie, con un gancho en la mano, que regala caramelos y se invoca repitiendo su nombre cinco veces en un espejo. En la actualidad, Cabrini Green ya no es un barrio residencial, ahora se alzan modernas torres donde antes había un gueto. Y la historia ha sido relegada, hasta que el pintor Anthony McCoy comienza a visitarla en busca de inspiración.
Si bien el término correcto es el de remake, tranquilamente podríamos referirnos a ella como una secuela. De manera muy hábil conversa con su predecesora noventera y la inserta en la trama en lugar de replicarla. Haciendo menciones a la película original para hacer avanzar esta nueva historia. Y como un bello guiño cuenta con la participación de Tony Todd, quien interpretaría al Candyman de la versión de Rose. Así mismo, también se utilizan trozos del teaser de DaCosta del 2020, realizado con marionetas. Mechados en la trama y puesto a su vez durante los créditos, lo cual hace que el espectador se quede aferrado al asiento hasta el final.
Que genero noble es el terror, que además de darnos una experiencia adrenalínica, siempre nos deja otro mensaje para reflexionar. En esta ocasión está colocado sobre la superficie y forma parte incluso de la trama principal. La marginalización de los barrios de pocos recursos por parte del resto de la ciudad, barrios que suelen habitar las minorías. Las cuales suelen ser oprimidas, juzgadas y maltratadas por las fuerzas del orden policial. En este caso se plantea como una analogia entre blancos y negros, ya que es una pelicula estadounidense, pero la misma podemos traspolarla a nuestro país.
Al estar tan evidente la crítica social, es imposible no compararla con otros productos similares como Get Out (2017), que lo hacen de manera más sutil y dejan al espectador trabajar un poco más. Pero al mismo tiempo sería como ponernos en el lugar de la crítica de arte al evaluar la obra de Anthony McCoy, en la exposición. No tiene sentido calificar esto como negativo, es una situación que se está viviendo y que se quiere visibilizar. El mensaje, la denuncia, tiene que llegar claro al espectador, el cual incluso puede llegar sin saber nada e irse sin retenerlo.
Podemos dividir la película en dos partes, donde la primera mitad está llena de intriga, presentación de personajes y emociones. Y la segunda, ya un poco más floja, donde se llega al clímax sin la fuerza necesaria. Como cuando uno se queda sin aire al inflar un globo, en lugar de explotar, nos terminamos con el globo desinflado en la mano. El tercer acto deriva en un final sin fuerza, al que le sobran buenas intenciones.
En definitiva, “Candyman” de Nia DaCosta resulta más que interesante. Las actuaciones son soberbias y los ambientes generados más que aterradores. Ingresando a este nuevo género de terror/denuncia del cual siempre esperamos nuevas entregas. No hará que salgamos con la boca abierta de la sala de cine, pero sí con un muy buen sabor.

Calificación.
Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación
En definitiva, “Candyman” de Nia DaCosta resulta más que interesante. Las actuaciones son soberbias y los ambientes generados más que aterradores. Ingresando a este nuevo género de terror/denuncia del cual siempre esperamos nuevas entregas. No hará que salgamos con la boca abierta de la sala de cine, pero sí con un muy buen sabor.



