Adolescencia, sexo y muerte en el Campamento Miasma: la nueva de Jane Schoenbrun

Un slasher queer protagonizado por Gillian Anderson y Hannah Einbinder

Hay algo distintivo en el cine que hace Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow, 2024) y es que está plagado de referencias para los que crecimos viendo cine. Curiosamente, Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma es, entre otras cosas, un homenaje a eso. Somos en parte las películas que nos han marcado, y eso tratará de expresar con un slasher que sigue al personaje de Hanna Einbinder (de la maravillosa serie Hacks), una joven directora llamada Kris que tiene como propósito hacer una remake de la franquicia de Campamento Miasma: una película que marcó su adolescencia, sobre todo en el plano de la sexualidad. Tras secuelas mediocres, buscará hacer algo distinto.

 

Teenage Sex and Death at Camp Miasma: antes del estreno

Para ello se encontrará con Billy Presley (una fantástica Gillian Anderson), aquella actriz que brilló en la primera película de la saga y que luego decidió retirarse de la industria (aunque con el pequeño detalle de que aún vive en el set donde se rodó la película, un campamento alejado de la ciudad).
Kris se quedará en la casa de Billy con el fin de conocerla un poco mejor y poder entender y aceitar su futura película. Pero la aparente curiosidad y química que se va generando entre ellas a medida que pasan tiempo juntas pronto se convertirá en un huracán de deseo, liberación, terror y placer.

La idea de Schoenbrun para esta peli es un tanto curiosa: toma demasiados puntos y no termina enfatizando demasiado en ninguno. Es que, si lo desarmamos por partes, el film es: un homenaje a los slashers y la cultura de los 80’s, con una vuelta de tuerca queer, un homenaje al cine en sí mismo y cómo éste nos acompaña en cada parte de nuestra vida (en especial, la adolescencia), una crítica al progresismo, un thriller psico-sexual y una crítica a la explotación de las propiedades intelectuales y al consumismo en masa.

Se vuelve así una catarata de referencias, y no por plasmar muchas ideas es consistente; más bien, pierde profundidad. Ahora bien, de las aristas mencionadas hay dos que sí valen la pena destacar, y son las últimas dos: dentro de este thriller que explora la identidad sexual y el deseo, vemos cómo, con gran tensión sexual entre ellas, Billy guiará a Kris a aprender a habitar no solo su propio deseo, sino también su propio cuerpo.
Cabe mencionar que en la película donde actúa Billy, y que será hecha remake, el asesino serial se llama “Little Death”, lo que funciona como un juego de palabras y un guiño a la expresión francesa petite mort, utilizada para referirse al orgasmo. El eje está puesto en la fantasía como juego, dejar de intelectualizar el deseo y permitirse experimentarlo.

Por otra parte, con respecto a la satirización del consumo en masa que existe a lo largo de la película, en Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma aparece precisamente algo que parece nuevo, pero que en el fondo reproduce estructuras conocidas. El film critica la explotación de las propiedades intelectuales mientras él mismo participa de esa lógica de producción de sentido basada en consumir y reciclar signos cinematográficos. Schoenbrun es consciente de esta lógica y decide participar de ella: critica la explotación de las propiedades intelectuales mientras construye su propio relato a partir de una cadena casi inagotable de referencias, homenajes y resignificaciones.

Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma: terror, alucinación y el cine como máquina capaz de fabricar identidades - LA NACION

Aún con estas licencias hechas de forma ingeniosa y adrede, no basta. Sigue pesando mucho la falta de poder abarcar espacios que quedan vacíos, a pesar de tocar tantos temas en una misma película.

No por eso no vale la pena verla: en lo visual, la película es preciosa. La fotografía está cargada de colores cálidos, luces suaves y una estética que recupera el imaginario ochentoso sin sentirse como una simple copia del cine de la época. Hay algo muy cuidado en cómo construye sus imágenes, especialmente en los momentos más ligados a la fantasía y al deseo. Además, la elección de Einbinder y de Anderson para los personajes principales cierra por todos lados: lo que representan las actrices en la cultura, la química que tuvieron en pantalla, la presencia de la ex Hacks y esa cosa teatresca, sensual y solemne que le aporta Gillian Anderson a su personaje están muy, muy bien logradas.

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