CRÍTICA: “EL GRAN ARCO”

UNA PELÍCULA FRANCESA DIRIGIDA POR STÉPHANE DEMOUSTIER

Este largometraje relata la historia de Otto Von Spreckelsen (Claes Bang) y de su obra más ambiciosa: el Grande Arche de la Fraternité, una de las construcciones arquitectónicas más impactantes de Francia. A través de la dirección de Stéphane Demoustier, la película reconstruye el recorrido de un arquitecto desconocido que logró materializar una estructura monumental en París, mientras que su obsesión y su orgullo amenazaban con destruir aquello que podía convertirlo en una figura clave de la arquitectura del siglo XX.

Durante los años 80, el entonces presidente François Mitterrand anuncia al ganador del concurso para construir el monumento que se iba a ubicar en el distrito futurista de La Défense, al oeste de París. Allí aparece el nombre de un ignoto arquitecto danés, cuyo sueño estaba plasmado en el diseño de un cubo, un atópico edificio con un diseño vanguardista pocas veces visto. La ambición, el deseo de trascender y la obsesión creativa atraviesan constantemente a Otto Von Spreckelsen cuyo trabajo de toda su vida culmina en esta construcción.

El film es una adaptación de la novela “La Grande Arche de Laurence Cossé de 2016”. El propio Demoustier se encarga del guión y consigue desarrollar un relato sólido y accesible. La idea central es clara y sencilla, esta película aborda la historia de Otto y su camino lleno de obstáculos y dificultades que llevó a cabo la construcción de tal monumento.  En un contexto reciente donde surgieron producciones centradas en arquitectos célebres, como El Brutalista, este largometraje, a diferencia de la nominada al Oscar, tiene un guión mucho más sobria y directa. De todas formas, la historia nota de un trabajo sólido y coherente que permite que aquellos desconocidos del tema puedan comprenderlo y apreciarlo. Eso no significa que la historia no sea compleja, el ritmo marca un claro tono de seriedad y madurez que permite plasmar las tensiones entre la creatividad y las limitaciones impuestas por la burocracia, los egos y las dificultades económicas. Al mismo tiempo, la mirada irónica y desencantada de la película evidencia el choque cultural entre un artista extranjero impulsivo y una sociedad francesa rígida y estructurada.

Las actuaciones le dan forma y vida a esta película, Claes Bang hace un trabajo formidable para encarnar a Otto Von Spreckelsen, un hombre serio, obsesivo y apasionado por su trabajo. Desde el momento que aparece entendemos que Otto es un personaje complejo y confuso, alguien difícil de conectar; de todas formas, el trabajo de Claes Bang consigue transmitir la humanidad detrás de esa rigidez y generar empatía hacia el desenlace de su historia. El resto del elenco también aporta interpretaciones muy sólidas. Sidse Babett Knudsen (Liv von Spreckelsen), Xavier Dolan (Jean-Louis Subilon), Swann Arlaud (Paul Andreu) y Michel Fau (François Mitterrand) enriquecen el relato con personajes bien construidos, cuyas motivaciones y conflictos resultan creíbles y consistentes.

En el plano visual, el film establece un interesante diálogo entre los espacios urbanos y los paisajes naturales de Francia e Italia. Esa transición refuerza la idea de armonía entre arquitectura y naturaleza presente en la visión de von Spreckelsen. Además, la atención puesta en las texturas, los materiales, las formas y la incidencia de la luz sobre cada escenario transforma a la arquitectura en una verdadera expresión artística dentro del relato.

En definitiva, Stéphane Demoustier construye una película sobria y elegante que encuentra en la arquitectura mucho más que un simple elemento visual. A través de la obsesión de Otto Von Spreckelsen, el film explora el costo personal detrás de la ambición artística y el deseo de dejar una huella en la historia. Con actuaciones sólidas, una puesta en escena cuidada y un relato atravesado por tensiones políticas y culturales, “El gran arco” consigue transformar la creación de un monumento en un drama humano profundamente atractivo.

 

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