Backrooms: Sin Salida (2026) Crítica

El fenómeno de internet llega a la pantalla grande

Hay ideas que nacen en internet y quedan ahí. Y después están casos como Backrooms, una propuesta que arrancó como un post del sitio 4chan y derivo en un sin fin de materiales, entre ellos un videojuego argentino.  Pero particularmente en un video independiente subido a YouTube por un Kane Parson de 16 años que termino convirtiéndose en una de las películas de terror más particulares y esperadas de los últimos años. Lo más impresionante no es la controversia detrás del salto de Parsons al cine, sino cómo a los 20 años logra mantener intacta esa sensación que hizo tan atrapante al material original.

Los Backrooms o espacios liminales nunca se apoyaron en la figura de un monstruo para generar terror. Está en el espacio. En esos pasillos interminables, en esos tonos cálidos y claros, en la sensación de estar atrapado en un lugar familiar pero completamente incorrecto. Esa inseguridad constante de no entender el entorno y la paranoia de no saber si estas solo. La película entiende eso desde el primer momento.

Toda la primera mitad juega muchísimo con la incertidumbre. No entendemos qué son los backrooms, cómo funcionan ni qué puede haber escondido ahí adentro. Parsons aprovecha eso para construir secuencias larguísimas donde los sonidos de fondo y la arquitectura del espacio terminan generando tensión sobre el espectador y sus personajes. Hay momentos espectaculares por cómo están planteados visualmente y otros que van mas al terror atmosférico.

Después, cuando el personaje de Renate Reinsve empieza a tomar más protagonismo, la película cambia bastante el ritmo. Ya no pasa tanto por descubrir qué hay ahí, porque en parte ya lo vimos. La búsqueda va por otro lado, más ligada a entender qué representa realmente ese lugar y cómo afecta a quienes quedan atrapados ahí. Es una segunda mitad más rara, más psicológica y por momentos hasta desorientadora, pero mucho más ambiciosa.

Probablemente sea una película difícil de procesar de entrada. Hay escenas, imágenes y conexiones que recién terminan de acomodarse varias horas después de verla. Incluso siento que una segunda visión puede cambiar muchísimo la experiencia, porque muchas cosas cobran otro sentido una vez que entendemos hacia dónde estaba yendo realmente la película.

También funciona muchísimo la mezcla entre found footage y cine más tradicional. Era algo que podía sentirse artificial o romper la inmersión, pero encuentra la manera de hacer que ambos estilos convivan. Nunca parece un recurso usado porque sí, sino una extensión lógica del propio universo de Backrooms y de los cortos.

Lo interesante de Backrooms es cómo transforma un espacio vacío y extraño en una experiencia completamente absorbente. La película logra que nos sintamos atrapados dentro de un lugar que parece conocido, aunque completamente incómodo y perturbador. Un laberinto sofocante donde la desesperación y la paranoia empiezan a mezclarse constantemente.

En síntesis,

Backrooms: Sin Salida es una propuesta muy distinta dentro del terror actual. Kane Parsons logra expandir el concepto original sin perder lo que lo hacía funcionar, llevando la idea de los espacios liminales a algo mucho más grande y cinematográfico. La mezcla entre found footage y narrativa tradicional encaja perfecto, las actuaciones sostienen el costado más humano y la construcción visual tiene momentos realmente impactantes. Puede resultar confusa al principio pero van a encontrar una experiencia claustrofóbica, incomoda y difícil de sacarse de la cabeza.

Ficha técnica:

  • Dirección: Kane Parsons
  • Guion: Roberto Patino
  • Producción: Shawn Levy, Dan Cohen, Dan Levine
  • Elenco: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve
  • Género: Terror / Ciencia ficción / Thriller psicológico
  • Duración: 102 min (aprox.)
  • Año: 2026
  • País: Estados Unidos
  • Estudio / Distribución: A24

Federico Pilarche

Apasionado por los pixeles desde el juego de Felix para NES.

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