Relatividad es una obra de Mark St. Germain que vuelve a poner a Luis Machín en la piel de una figura histórica clave. Luego de interpretar a Freud en La última sesión Freud, el actor encarna ahora a Albert Einstein en un momento avanzado de su vida. Dirigida por Carlos Rivas y con Gabriela Toscano y la participación de Catherine Biquard, la obra se corre del retrato del genio para meterse en una zona más incómoda y menos conocida. Se presentan de viernes a domingo en el Teatro Picadero (Pje. Enrique S. Discépolo 1857, CABA)

La historia parte de un encuentro aparentemente simple. Una periodista se acerca a Einstein para pedirle una entrevista y ese diálogo, que comienza con cierta cordialidad, va tomando un rumbo cada vez más complejo. Lo que se plantea como una charla distendida pronto se transforma en un cruce cargado de tensión, donde las preguntas empiezan a tocar zonas que el científico preferiría evitar. A partir de ahí, la obra se apoya casi por completo en el enfrentamiento verbal entre los personajes, construyendo un clima que crece escena a escena.
La obra pone el foco en una dimensión menos explotada de Einstein. No solo el genio, sino el hombre. El padre, el esposo, el amante. Alguien capaz de revolucionar la ciencia, pero también de tomar decisiones personales discutibles. La propuesta no busca juzgar, sino abrir preguntas: ¿hasta qué punto un genio puede o debe sacrificar los vínculos afectivos en nombre de su obra?, ¿existía otra forma posible o el precio a pagar era inevitable?

El texto es exigente y funciona como un verdadero duelo actoral. Cada palabra importa y cada respuesta tiene peso. En ese terreno, Luis Machín compone un Einstein sólido y humano, lejos de la caricatura, con momentos de ironía, fragilidad y dureza. Gabriela Toscano sostiene el contrapunto con precisión y va ganando terreno a medida que avanza la obra, manejando con inteligencia los distintos climas. Catherine Biquard completa el elenco con una presencia que ordena y tensiona el espacio.
La puesta acompaña con sobriedad. La escenografía de Gonzalo Córdova sitúa al personaje en su mundo de trabajo y pensamiento, mientras que el diseño de vestuario de Sofía Di Nunzio cumple un rol clave al transportar visualmente al espectador a mediados del siglo pasado. Todo está al servicio del texto y del enfrentamiento entre los personajes, sin distracciones innecesarias.
Relatividad propone mirar de una manera distinta a una de las figuras más relevantes de la historia mundial y se pregunta qué queda cuando se corre el brillo del genio. Una propuesta intensa, bien actuada y que deja preguntas resonando mucho después de que baja el telón.




