“El verano más largo del mundo”: ¿Somos lo que soñamos o lo que pudimos?

Una película que conecta con lo más humano, con una historia imposible de no empatizar e incluso sentir que somos parte de un relato que trasciende la pantalla

El verano más largo del mundo es una película argentina dirigida por Alejandra Lipoma y Romina Vlachoff, con la producción de Antonella Riga y Carla Briasco. En una hora de duración, nos cuentan la historia de Camila, que arranca luego de que se entera que su pareja lo engañaba, en un trabajo que la maltratan y la crisis de llegar a los 30 años. Julián, su “mejor amigo”, es el motor de la historia para movilizar a Camila para dar un paso trascendental en su vida.

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Camila está consumida en la automatización de la vida, todo el tiempo pegada al celular, sin sueños, sin objetivos, simplemente está viva, pero no vive. Julián es el alivio cómico al melancolismo de Camila, son tan distintos y a la vez tan unidos que generan una química instantánea que nos muestra también las dinámicas en las amistades a los 30 años.

El tono sepia que se mantiene durante toda la película muestra los grises de la vida adulta, no siempre es todo en colores. La historia habla del fracaso, el miedo a dar un paso al vacío, la diferencia de oportunidades, los sueños rotos y el conformismo. Es una crítica al discurso de la meritocracia y la lucha con la frustración de que se puede hacer todo lo posible pero incluso eso no alcanza.

Las charlas en el set

¿Cuánta gente puede dejar todo por su sueño? La línea de Camila cuando habla acerca de lo que se diría a ella misma cuando era pequeña es un resumen perfecto del mensaje que busca dar la película, al menos en la previa al tercer acto. Es un viaje sobre volver a las bases, de abandonar la tiranía opaca de la rutina y la monotonía. La elección de un viaje de verano, la estación propia del inicio de año, la búsqueda de un cambio y los propósitos que nos podemos poner cada fin de año.

La película también muestra la diferencia generacional y la contraparte del optimismo de los chicos de la obra con Julián y en mayor contracara con Camila. Los jóvenes que son parte del casting se muestran alegres, positivos, viven la vida con un entusiasmo jovial, por eso vemos que Julián logra conectar por momentos con ellos pero con Camila tienen una relación más fría. Ella es más cercana al mago Gustavo, que le va a servir de compañía y de gurú para que vuelva a conectar con ella misma y que vuelva a escribir.

Camila y Julián en el set

En los apartados que se apoya la película son claramente el guión y la dirección, Lipoma y Vlachoff arman una historia de personas reales, de lo que significa el sentimiento de crecer, de sentir que no se logran los sueños que alguna vez tuvimos, la desconexión con nuestra propia humanidad cuando se rompen esas ilusiones. Las actuaciones de Jazmín Carballo y de Santiago Zapata son muy logradas y tienen una gran química, una buena muestra de que el amor también reside en la amistad. El juego de planos, la fotografía y hasta el vestuario están muy bien cuidados, la actitud más alegre de Julián con sus remeras en honor a la cultura pop acompañan perfectamente su humor, incluso en el final cuando consigue la beca lo vemos con una remera más sobria pero que dice Hollywood.

El desenlace deja no solo un mensaje esperanzador, sino que también realista, tal vez Camila no pudo seguir con la actuación, pero sí cambió su vida tras ese verano. Un nuevo trabajo en el cual recibe un buen trato, vuelve a escribir, logró dar ese paso a lo desconocido y salir más fuerte y en una mejor posición de la que estaba en la previa a ese verano que se volvió para ella, el más largo del mundo.

Pedro Ignacio Pérez Naveira.

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