100 metros (Hyakuemu) – Crítica

El animé dirigido por Kenshi Iwaisawa adaptado del manga de Uoto utiliza la técnica del rotoscopio para darnos una animación bellísima en una historia de rivalidad, superación y filosofia de alto rendimiento

Hay varios ejemplos de animé deportivo, entre los cuales destacan Slam Dunk, referido al Basquet, más en el tiempo Capitán Tsubasa o como se los conoció popularmente por estos lados “ Los Supercampeones” como una variedad dentro del género. A ese universo entra esta adaptación del manga de Uoto y lo hace de una manera muy original por tratarse de atletismo y además sumar un relato de superación, amistad, competencia, egos y sentido filosófico dentro de la disciplina.

Dirigida por Kenji Iwaisawa, el director quien es la nueva promesa del cine de animación japones. Con el estilo y creatividad como estandartes y con la delicadeza para elegir los trazos, texturas y diferentes efectos en la cinemática del film hacen una obra por lo menos interesante hasta para el espectador menos conocedor del género. Los paisajes, la minuciosidad con que es tratada la atmósfera que ofrece la película da cuenta de un trabajo artesanal y con una dedicación especial. Centrada en el uso de la técnica del Rotoscopio, una manera de animación donde se calcan los fotogramas de las acciones reales para generar un movimiento más realista, detallado y fluido.

La cinta está dividida en tres estadíos. El inicio o presentación del protagonista como una revelación dentro de la disciplina de los 100 metros llanos, y que se encuentra en busca de motivación para seguir en su búsqueda personal dentro de la disciplina. Donde además conocerá a su rival, Komiya. Aunque comienza todo como una relación de amistad o tutoria por su parte ante un encuentro fortuito y luego llegaría a su salón de clases. Ese es un recurso bastante utilizado dentro del género y visto en infinidad de series pero funciona. También en este inicio se presentará un corredor más experimentado y famoso, que ve el potencial de Togashi y ya intuye que será superado por él inevitablemente. Solo que su orgullo no lo dejará revelar toda esa verdad y será un personaje que no pasará con un solo rol único, ese será solo el primero.

Cada personaje tiene su búsqueda personal y cargada de distintas emociones que van desde la sed de victoria en sí como premio a la euforia al ganar o la pregunta filosófica de para que correr. La motivación, el sacrificio, la gloria, el paso del tiempo son las distintas metas verdaderas más allá de los 100 metros. El segundo género donde podriamos enmarcar la película es en el filosófico, El guión destaca eso principalmente en uno de los tramos de una manera explícita por demás aunque no incomoda al resto del film.

El sonido en perfecta conjunción con lo detallista de la película destaca ofreciendo un ambiente y tensión en los momentos trascendentes que hacen a la historia interesante y expectante hasta el acto final. El tiempo juega un rol importante, los diez años van marcando esos diferentes estadios a los que haciamos alusión al principio y como cierre de oro un sprint final de los 10 segundos que dura la carrera con los finalistas que dejará pensando a más de uno si realmente pasamos la línea de meta.

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