“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” de Torres Leiva. Crítica

La muerte que nos acompaña

“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” del director y guionista chileno, Torres Leiva, ahora se puede ver en MUBI. Se trata de un film de enorme sencillez y de peculiar sedimento.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (2019) - Filmaffinity

No se puede filmar la muerte, no por carencias del director o de la técnica, sino porque el acto de la muerte es inimaginable, y por lo tanto, muy imaginado, muy fantaseado, muy social. Es más un acto que, como tal, está reservado a la más estricta soledad. No es un acto colectivo, tal vez el único. Sin embargo, da qué hablar y qué filmar. Toda la literatura en algún que otro momento se ocupó de decir algo acerca de ella; todo film en algún punto apunta hacia ella. Porque se dice habitualmente que la muerte angustia, siendo que lo que angustia es de la vida, eso que nadie sabe nada más que descripciones. La muerte está en el campo de las palabras; la vida está en el campo de lo que es imposible de decir. 

Cesare Pavese escribió un poema muy cerca de su propio acto de suicidio. En esta nota se transcribe, ya que es la excusa que tuvo José Luis Torres Leiva, realizador chileno de cine, a la hora de filmar su última película “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” (2019, coproducción chileno-argentina) que ahora se puede ver en MUBI. Es un film de enorme sencillez y de peculiar sedimento. Dos mujeres que se aman: una de ellas sabe que tiene cáncer y rechaza hacerse un tratamiento para enlentecer o reducir su sufrimiento. La otra parte de la pareja, que es enfermera, deberá conducir con los ojos cerrados, ese tiempo por venir, acompañándola, escuchándola, mirándola, compartiendo fugaces situaciones. Porque si el film es hipnótico, creo que se debe a que se sabe que la muerte está allí mirando detrás de la pantalla, y al mismo tiempo es la pantalla misma. 

El director, que es a su vez el escritor del guion (tomado de manera muy libre por sus actrices), intercala en la cotidianidad del sufrimiento dos situaciones aparentemente distanciadas de la tragedia próxima: una joven que vive en una especie de selva de manera salvaje, y que es recogida e invitada por una mujer que vive en las inmediaciones a que pruebe lo que es la comida casera, la ropa, un techo, sin ánimo de querer convencerla de que se quede. La joven no sabe hablar pero entiéndelo que tiene que entender. La otra situación es el encuentro erótico en una selva similar entre dos hombres que encuentran en ese encuentro, al menos uno de ellos, el amor que nunca experimentó. Un amor poderoso y sin futuro.

Es un film de intenso sufrimiento y que trasmite una singular paz. Sufre quien sabe que su amor se está yendo y no volverá jamás, que ese cuerpo de besos y caricias faltará prontamente y que deberá transitar una vida en falta, sufriendo la pérdida de algo aparentemente inextinguible. La otra, se dirige entre llantos y dolores hacia la muerte pero a diferencia de su pareja, se trata de algo así como de una cita, un encuentro deseado, de un deseo que nadie entiende pero que ella sí.

Amor y muerte han sido los dos polos de Shakespeare y de Homero y de las tragedias griegas. Pavese nos dice que se puede amar la muerte. Que también se puede morir de amor. Que no se puede matar al amor. José Luis Torres Leiva, en su esfuerzo de mostrarnos eso, llega a aproximarse con el gesto estético, a una distancia más íntima que otros intentos. No es poco cuando la empresa es imposible. Porque la belleza es, de algún modo, el último velo que vela el horror de la inexistencia.  

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos: Estreno del film dirigido por José Luis  Torres LeivaVendrá la muerte y tendrá tus ojos

—esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o un vicio absurdo. Tus ojos

serán una palabra hueca,

un grito ahogado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando a solas te inclinas

hacia el espejo. Oh querida esperanza,

ese día también sabremos

que eres la vida y la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como dejar un vicio,

como mirar en el espejo

asomarse un rostro muerto,

como escuchar un labio cerrado.

Nos hundiremos en el remolino, mudos.

(Cesare Pavese)

 

Crítica: Mario Betteo

Edición Periodística: Andrea Reyes

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