“Sex” es el inicio de una trilogía propuesta por el director noruego, la cual la completan “Dreams” y “Love”. El film que compete a ésta crítica, comienza con dos deshollinadores (Jefe y empleado), que se confiesan dos experiencias que traspasan los límites hetenormativos impuestos y llevan a cuestionarse varios aspectos de si mismos. Uno le confiesa a su jefe, y amigo, que tuvo sexo con un cliente. Cuenta, con detalles, la experiencia y explica que todo se fue dando casi por inercia y que no volvería a repetirlo, más allá de estar conforme con la experiencia vivida. Por otra parte, el jefe, cuenta que hace dias tiene un sueño extraño, en el que él es una mujer, y David Bowie trata de conquistarla.

Estas situaciones ponen en jaque todos los pensamientos de ambos en cuanto a su orientación sexual, su matrimonio, sus propios deseos, y las viejas discusiones humanas sobre la libertad y las expectativas ajenas sobre uno mismo. Más allá de abarcar dudas tan antiguas como el mismo ser humano, Sex las invoca de una forma intelectual y diferente en cuanto a los dialogos entre los protagonistas y las perspectivas planteadas. De alguna forma el largometraje se va convirtiendo de a poco en un drama, por momentos cómica, en el cual la vida de ambos trabajadores entra en una etapa de cuestionamientos y descubrimientos propios que parecían estar ocultos bajo la normalidad impuesta socialmente.

La diferencia que se menciona en cuanto a la forma de afrontar discusiones antiguas, se ven en los dialogos entre los mismos protagonistas. El superior de ambos, menciona que, si bien el sueño en donde es una mujer es un poco extraño, sus dudas no están direccionadas sobre su orientación sexual, sino más bien a otro tipo de preguntas sobre su propia identidad y la forma en la que los demás lo observan. Mientras que su compañero, asegura no sentirse gay, más allá de haber disfrutado su experiencia. Luego de contarse ambas experiencias, la película explora la forma en la que los deshonilladores encaran su matrimonio, su vida y sus dudas debido a lo sucedido.

La película, desde lo retórico, se presenta de forma convencional, de tal forma que solo se puede prestar atención a los dialogos entre los personajes, y su alto contenido filósofo, que al fin y al cabo es lo más relevante y muy rescatable del film. Por momentos se puede escuchar una música que funciona de cortina entre algunas escenas, pero no más que eso. El largometraje, al igual que las otras dos películas que completan la trilogía, desafia lo convencional, explora de una manera muy filosófica pero a su vez simple los pensamientos impuestos e imperceptibles humanos. De esta manera logra ser fácil de mirar, intrigante y llamativa en cuanto a la cercanía de los personajes con cualquier espectador.




