Pequeño gran mundo. Crítica a Villa Olímpica, de Sebastián Kohan Esquenazi

Villa Olímpica (2022) es un documental dirigido por Sebastián Kohan Esquenazi que narra el exilio desde la mirada de los hijos e hijas de militantes latinoamericanos.

¿Es posible retornar del exilio? ¿Qué sucede cuando la condición de exiliado atraviesa una infancia? ¿Cuáles son, entonces, los recuerdos que sobreviven a la partida? En este caso, ¿Cómo vivieron el desarraigo los hijos e hijas de los exiliados latinoamericanos? ¿Hay un antes y un después del exilio?

En Villa Olímpica, Kohan Esquenazi indaga en este mundo a partir de una serie de narraciones en primera persona. Así, el foco gira en torno a las infancias de quienes, por motivos políticos, se vieron forzados a abandonar su país de origen y encontraron asilo en México.

En este film, la memoria adopta la forma de una maqueta que almacena numerosos objetos: desde árboles en miniatura y autos pequeñitos hasta un tren que trae consigo los juegos de los primeros años. Con esos juguetes también se asoman las voces del pasado, la de aquellos niños y niñas que hoy adultos, pueden revivir sus experiencias a través de la palabra fílmica y poner en valor su testimonio. Son hijas e hijos de militantes latinoamericanos quienes, tras verse obligados a abandonar sus países de origen, se instalaron en México donde encontraron el amparo vital.

Así, el documental se vale de cintas caseras, fotografías y testimonios para (re)narrar una época. Estos elementos permiten reconstruir o revivir ese tiempo pasado hasta encontrar eso que una de las voces denomina “el grado cero del horror”. Uno de los protagonistas cuenta que nació en La Plata en 1945. Su padre era un médico pediatra, militante político y jugador de rugby. Su exilio comenzó en el ’75 y llegó a Villa Olímpica sin vivenciar las situaciones de violencia que sí sufrieron otros tantos. Describe al lugar como un espacio que, por un lado, gozaba de un clima festivo porque actuaba como un verdadero lugar de refugio de quienes se habían salvado de la dictadura; pero, por el otro, era el recuerdo de la huida y el dolor.

Son muchas las imágenes que giran alrededor del exilio, la más fuerte es concebirlo como un acto de mutilación. Es decir, como la extirpación de un órgano. Esa sensación de amputación, recuerdan aquellos niños, contrastaba con el intento de sus padres por crear una atmósfera cálida en la cual crecer, en la cual poder imaginar una vida. Si la experiencia del exilio se vive como un corte, es porque estos hombres, mujeres y niños fueron cercenados del cuerpo social. Entre juguetes y juegos de infancia, los testimonios aportan un nuevo punto de vista sobre estos hechos históricos.

En conclusión, la cinta de Kohan Esquenazi pone de manifiesto cómo en aquellas oscuras épocas, la infancia estaba hecha de cuentos infantiles e historias de violaciones a los Derechos Humanos.

Calificación

Actuación - 84%
Arte - 87%
Fotografía - 81%
Guión - 85%
Música - 85%

84%

El film logra una retrospectiva sobre los acontecimientos empleando para ello un singular punto de vista.

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Juan Páez

Licenciado en Letras y Diplomado en Periodismo Digital.

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