Obra teatral “Sarmiento, la clase”

Una lección magistral de historia y teatro de la mano de Juan Leyrado

El prestigioso actor regresa al escenario porteño con un unipersonal que invita a redescubrir a una de las figuras más centrales y controvertidas de la Argentina. Con dramaturgia de Juan Francisco Dasso y dirección de Nicolás Dominici, la obra se presenta los sábados de abril, y los viernes y sábados de mayo en el Centro Cultural de la Cooperación (CABA). Una oportunidad única para ser parte de una “clase” donde el pasado y el presente se cruzan con una vigencia asombrosa.

Entre el humo que se disipa tras la escena, emerge su figura. Sarmiento se aproxima a un escenario minimalista donde solo lo aguardan un atril, una silla y un vaso con agua. Todo está dispuesto para lo que el título de la obra anticipa: una exposición magistral que el prócer, a 138 años de su muerte, brindará al público presente. Con una mirada fija y penetrante, observa a quienes estamos allí, una audiencia que ha acudido dispuesta a recibir una gran conferencia.

Domingo Faustino Sarmiento cobra vida a través del oficio y la solidez de un Juan Leyrado impecable. Gracias a un trabajo de maquillaje y caracterización excepcional, se recrea con precisión la fisonomía del prócer, logrando un parecido físico que resulta impactante desde el primer momento. Se ubica detrás del atril y se prepara ante un público expectante e impaciente por escuchar la palabra del “Padre del aula”.

La dirección de Nicolás Dominici acierta al mantener un ritmo dinámico que evita la rigidez del unipersonal, apoyada en una escenografía minimalista que, con apenas unos pocos elementos, logra recrear la atmósfera de una cátedra atemporal. Bajo esta premisa, quienes ocupamos las butacas dejamos de ser simples espectadores para convertirnos en partícipes de una asamblea convocada desde el pasado para volver a escuchar su voz.

El brillante texto de Juan Francisco Dasso propone un recorrido por la obra y el ideario sarmientino, logrando traer al presente polémicas históricas y permitiendo a la narrativa pasajes de lograda comicidad, como el relato sobre la escultura encargada a Auguste Rodin o la ironía de bautizar con su nombre la avenida que atraviesa los antiguos dominios de Juan Manuel de Rosas. Existen, además, otros instantes de gran ingenio que juegan con los contrastes entre el pasado y nuestro presente; prefiero no adelantarlos para que el público pueda descubrirlos por sí mismo y disfrutar plenamente del talento de Leyrado.

En definitiva, Sarmiento sigue siendo una figura central y profundamente polémica de nuestra historia: admirado por su impulso a la educación pública y la alfabetización, pero también cuestionado por su implacable dureza, recordada en aquella carta a Mitre y su célebre frase: “No trate de economizar sangre de gauchos”. Bajo la excusa de revisitar estos fines nobles y sus contradicciones, la obra logra que todo se desarrolle sin solemnidad. Una pieza para no perderse, que utiliza el escenario como un aula para reflexionar sobre nuestra identidad y nuestro presente.

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