Un joven Jean Luc Godard apremiado por filmar su primer largometraje se lanza a una experimentación sin precedentes para alcanzar su innovadora opera prima Sin Aliento. Nouvelle Vague es el detrás de escena de ese inusual rodaje liderado por un genio poco comprendido por sus colegas, actores y en especial su productor.
Richard Linklater tiene más de 3 décadas de carrera con una filmografía muy variada y aquí entrega su carta de amor al cine. Siempre mostró fascinación por los momentos de iniciación con personajes atravesados por los miedos que implican lanzarse al vacío y a la aventura de lo desconocido. Es por eso que este Godard, acercándose a sus 30 años, incomodo por ser el último de su camada en debutar, calza perfecto en su obra.

La “nouvelle vague” o nueva ola fue un movimiento de autores que renovó el cine francés, contando historias más personales, sacando la cámara de los grandes estudios y ganando las calles. El epicentro de toda esa revolución fue la redacción de la revista Cahiers du Cinema y allí es donde comienza esta historia. El homenaje es total, tanto en lo temático, en la celebración de los personajes y también en lo narrativo y estético. Estamos ante una obra que parece filmada en 1960, en blanco y negro y hablada en francés. Linklater logra una perfecta recreación de esa Paris inundada de rodajes con un Jean Luc Godard (interpretado magistralmente por Guillaume Marbeck) recorriendo distintos sets y locaciones en busca de inspiración y consejos. De esta manera van apareciendo sus colegas más cercanos como Truffaut y Chabrol y sus ídolos ya consagrados como Roberto Rossellini, Robert Bresson y Jean-Pierre Melville. Cada encuentro da lugar a conversaciones y debates exquisitos que son pequeñas perlas que regala el guion. Pero la historia principal, la del rodaje, tiene como co-portagonistas a Zoey Deutch y Aubry Dullin, que interpretan a Jean Seberg y a Belmondo que junto a Godard son los que van a experimentar esta libertad creativa a la hora de trabajar. La película busca retratar esa nueva forma de contar historias y lo hace utilizando esos mismos recursos: siguiendo a sus personajes que van soltando frases e ideas sobre la vida y el arte, otra conexión con toda la obra de Linklater.

Nouvelle Vague es por sobre todas las cosas una película cinéfila hecha para cinéfilos. Para algunos será un hermoso viaje en el tiempo lleno de nostalgia y para los más jóvenes una invitación a descubrir un movimiento artístico trascendental.





