Con más de 250.000 espectadores desde su estreno, La cena de los tontos regresa al Teatro Astral y recibirá a Pedro Alfonso entre el 1 y el 14 de julio.

Tras consolidarse como la obra más vista del país en 2025, La cena de los tontos continúa su exitosa temporada en el Teatro Astral, manteniéndose como uno de los grandes fenómenos teatrales de la cartelera porteña.
Dirigida por Marcos Carnevale, la comedia sigue conquistando al público con funciones colmadas y una recepción que se sostiene función tras función. El elenco está encabezado por Martín Bossi y Laurita Fernández, junto a Esteban Prol y Guillermo Arengo.
Entre el 1 y el 14 de julio, la obra sumará una incorporación especial: Pedro Alfonso se integrará al elenco en reemplazo de Gustavo Bermúdez, manteniendo la propuesta artística y el humor que caracterizan a este éxito teatral.
La producción general está a cargo de Guillermo Francella, Adrián Suar, Pablo Kompel, Federico Hoppe, Ezequiel Corbo y Diego Djeredjian, responsables de esta nueva versión de una pieza que ya dejó huella en el teatro argentino.
Un clásico que mantiene su vigencia
Escrita por el dramaturgo francés Francis Veber, La cena de los tontos fue estrenada en Argentina en el año 2000 con Guillermo Francella y Adrián Suar como protagonistas. Luego de una exitosa reposición en 2009 en Mar del Plata, la obra vuelve a demostrar la vigencia de su humor y de su mirada crítica sobre los vínculos humanos.
La historia sigue a un grupo de amigos que organiza cenas semanales en las que cada uno lleva como invitado a alguien que considera un “tonto” para burlarse de él. Sin embargo, el plan de Pablo Barrantes cambia por completo cuando conoce a Francisco Pignon, un hombre ingenuo pero encantador que desencadena una serie de situaciones tan caóticas como hilarantes.
Con una combinación de humor ácido, enredos y grandes actuaciones, la obra expone el egoísmo, los prejuicios y la fragilidad del juicio ajeno.
A más de dos décadas de su estreno en el país, La cena de los tontos continúa demostrando que los grandes clásicos no envejecen cuando logran interpelar al público. Entre risas y situaciones absurdas, la obra deja una pregunta tan incómoda como vigente: quién es realmente el tonto.




