Envidiosa T4

Cuando el pasado vuelve sin avisar

La serie de Netflix profundiza sus conflictos emocionales y encuentra en sus personajes una madurez inesperada.

La cuarta temporada de Envidiosa deja atrás parte del caos romántico superficial de sus comienzos para meterse en un terreno más incómodo: el de crecer, hacerse cargo y entender que los vínculos no siempre salen como uno imagina. 

Una vez más, Griselda Siciliani sostiene la serie con una mezcla perfecta de ironía, fragilidad y neurosis cotidiana. Vicky sigue siendo impulsiva, contradictoria y por momentos desesperante, pero la cuarta temporada consigue algo importante: humanizarla todavía más.

Esta vez, la historia suma un conflicto que altera por completo la dinámica emocional de varios personajes: la aparición inesperada del hijo de Matías, el personaje de Esteban Lamothe. Lejos de sentirse como un simple giro dramático para generar impacto, la serie utiliza esta situación para explorar nuevas responsabilidades, viejas heridas y el miedo constante a no estar preparado para la vida que llega. La incorporación de este personaje funciona porque obliga a todos a correrse del lugar cómodo que venían ocupando. Especialmente a Vicky, que queda enfrentada a una realidad que no puede controlar ni manejar desde el capricho o la competencia emocional. Ahí es donde Envidiosa encuentra algunos de sus momentos más interesantes: cuando el humor baja un cambio y deja aparecer la incomodidad real.

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es entender que el verdadero conflicto ya no pasa solamente por “tener lo que tiene el otro”. La envidia sigue presente, claro, pero ahora aparece mezclada con algo más profundo: el miedo a quedarse atrás mientras todos parecen avanzar.

Visualmente, la serie mantiene su estética moderna y urbana, con escenas cotidianas que potencian la cercanía emocional de los personajes. Aunque algunas subtramas quedan un poco desdibujadas y ciertos conflictos se resuelven demasiado rápido, la temporada logra sostener el interés y evita sentirse repetitiva.

La cuarta temporada de Envidiosa quizás sea la más madura hasta ahora. Sigue siendo divertida, incómoda y exagerada, pero también entiende que crecer implica aceptar que la vida rara vez sale según el plan. Y que, a veces, el verdadero problema no es envidiar la vida ajena, sino animarse a construir la propia.

Deja un comentario

Volver al botón superior