En diálogo con Cine Argentino Hoy, Agustina Macri cuenta la historia real de Carla Antonella Rodríguez, conocida como Carlita, una mujer trans que persigue su sueño de ser minera en la Patagonia, y transmite un mensaje de justicia, emoción y apoyo al cine nacional.
Edición: Andrea Reyes
-Miss Carbón es una historia increíble y potente. ¿Qué significa para vos llevarla al cine y qué te hizo ver que era una historia distinta para contar?
-Siento que todo lo que traía esta historia era tan atractivo que merecía llevarse al cine. Desde el principio, siempre hubo algo que me convocó. Hace tiempo tenía en la cabeza la idea de acercarme a la comunidad trans y, desde mi lugar, aportar algo en ese sentido. También estaba el mundo que presentaba: la posibilidad de filmar en una mina de la Patagonia. Había muchos elementos que la volvían cinematográfica; realmente me cuesta encontrar alguno que no.
-Con respecto a la protagonista de esta historia, Lux Pascal, hermana de Pedro: ¿Desde un primer momento pensaste en ella? ¿Fue por casting? ¿Cómo llegaste a esta actriz transgénero chileno-estadounidense, que le da verosimilitud a la historia?
-Totalmente. Siempre supimos que Carlita, Carla Antonella Rodríguez, tenía que estar en manos de una actriz trans. Esa era la primera declaración que la película debía hacer, en coherencia y en reconocimiento de la importancia de darle a las personas trans su lugar y su voz.
Lux siempre fue nuestra primera opción cuando empezamos a pensar en el casting, junto con la productora española y Erika Halvorsen, la guionista. Así que fuimos por ella. Al principio tenía dudas: estaba terminando la escuela de Juilliard en Nueva York y haciendo teatro. Este era su primer protagónico y su primer gran proyecto post-escuela, así que quería elegirlo conscientemente.
Hubo algo de la película que le atraía mucho: la historia de la mujer minera luchando por sus sueños. Quizás la parte de la transición de una mujer trans no le parecía tan interesante, y le gustó que la película no tuviera tanto foco en eso.

-La película fue grabada entre Río Turbio (la Patagonia) y España. ¿Querés compartir cómo fue el proceso de rodaje? ¿Tuviste dificultades para filmar en el sur de nuestro país dada la aspereza del clima y del paisaje?
-Empezamos rodando en España, que fue lo más desafiante, porque en general conviene comenzar por los exteriores y después seguir con los interiores, por un tema de continuidad y de varios factores que intervienen en un rodaje. Pero ese fue el diseño que armamos. Sabíamos que queríamos llegar a la Patagonia con nieve, porque ese clima nos podía dar muchas posibilidades fotográficas. Teníamos claro que la nieve iba a aportar a la película una atmósfera especial.
Así organizamos el plan: filmamos en el País Vasco durante abril y mediados de mayo, y luego viajamos a la Patagonia, donde nos quedamos casi hasta junio. Ese fue el límite, porque el último día de rodaje una tormenta furiosa del Antártico casi nos deja varados en el pueblo.
En Bilbao tuvimos más facilidades: un equipo más grande y mejores condiciones climáticas. En cambio, en la Patagonia nos encontramos con un paisaje increíble, aunque también con momentos muy inhóspitos.
Lo que no me olvido más es la sensación del primer día de rodaje allí: fue cuando sentí que la película realmente aparecía.
-Te rodeaste de un gran equipo para hacer esta película. Se nota la fortaleza en la parte técnica, musical, visual, en la iluminación y el sonido.
-Sí, la verdad estoy muy contenta. La dirección de fotografía estuvo a cargo de Luciano Badaracco, con quien ya había trabajado en Limbo, una serie de Disney.
En el diseño de arte estuvo Clara Notari, argentina que vive hace 20 años en España y que venía de colaborar con Almodóvar. En vestuario trabajé con Jam Monti; el maquillaje y peinado lo resolvimos con un equipo en España, y en sonido contamos con Celeste Palma en Argentina.
La música original fue compuesta por Maite Arroitajauregi “Mursego”, que entendió muy bien mi intención de trasladar al plano musical el mundo sonoro de la mina y lo industrial del pueblo. Ese aspecto le da a la película una identidad muy particular.
En definitiva, lo técnico para mí es fundamental: quiero que el viaje del espectador sea bello y visualmente interesante, por eso le dediqué tanta atención.
-Una obra de arte increíble. Agustina, en el marco del actual contexto político de extrema derecha en nuestro país, ¿qué reacciones encontraste en el público o en tu entorno?
-Cuando en 2022 empezamos el proceso de la peli, el contexto político era muy distinto. Había personas que todavía no estaban en el gobierno —como sí lo están ahora en Estados Unidos o en Europa— y fue triste darnos cuenta de que, en lugar de avanzar, estamos retrocediendo en muchos aspectos.
Una de las cosas que te empuja a hacer una película basada en una historia real es justamente la coyuntura: cuanto más adverso es el escenario, más necesaria se vuelve la obra y más fuerte su mensaje. Y creo que eso lo siente el espectador.
En España viví experiencias muy lindas a nivel personal. Mucha gente se me acercó, incluso reconociendo sus propios prejuicios, pero contándome que la película los había llevado a un viaje muy humano y los ayudó a acercarse a un mundo frente al que, de entrada, podían tener resistencias. En definitiva, creo que de eso se trata hacer películas como esta.

-Se sintió muy potente ese discurso. A veces una imagen vale más que mil palabras y puede abrir mucho más las cabezas, generando cambios a través del cine.
-Obviamente, hoy el cine se sigue revalidando desde ese lugar. Es una herramienta que me emociona y me motiva a contar historias que merecen justicia y visibilidad, como Miss Carbón.
-Buenísimo. Tres razones para que el público no se pierda Miss Carbón:
-Por un lado, es una película luminosa que invita a conocer una cultura fuerte de nuestro país: la minería en Río Turbio. Además, te deja llena de fuerza y confianza, recordándote que si tenés un sueño, lo podés cumplir. Y, por último, hay que bancar al cine argentino siempre; es un gran valor que tenemos: películas que viajan, ganan premios y son reconocidas en todo el mundo. La mejor forma de hacerlo es yendo a ver nuestras películas.
-Totalmente. Mientras acá se ataca, el cine argentino es reconocido en el mundo. Para terminar, ¿Carlita Rodríguez vio la película? ¿Cómo fue el proceso de construcción entre ella y Lux Pascal?
-Sí, por supuesto. Carlita, Lux y yo pasamos mucho tiempo juntas en Madrid antes de comenzar el rodaje. Había una necesidad de compartir momentos y de conocerse. Yo confiaba en la sensibilidad de Lux y en lo que pudiera traducir de lo que conocía de Carlita y de lo que ella había vivido internamente. Aunque tuvieron vidas muy diferentes, había algo especial que iba a suceder, porque para mí, humildemente, las mujeres trans son profundamente poderosas.
Mi tarea era simplemente acompañarlas y ser canal en ese encuentro. En particular, Carlita siempre confió en el proceso, en mí y en Erika Halvorsen, que también nació en Río Turbio y vivió allí hasta finalizar la secundaria. Siempre existió un pacto tácito entre nosotras: el deseo de hacer esta película, sabiendo que en la pantalla aparecería una Carlita distinta, no una copia exacta de la real, sino una nueva construcción nacida de la magia de todas estas mujeres juntas en esta historia.




