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“El discípulo” de Chaitanya Tamhane. Crítica.

La esencia de las tradiciones y la cultura india reflejada a través de su música.

La película ambientada en Mumbay narra la historia de Sharad Nerulkar (Aditya Modak) un aspirante a músico que debe enfrentarse a sus defectos. Dirigida por Chaitanya Tamhane y con la producción ejecutiva del director mexicano Alfonso Cuarón.

Sharad vive con su abuela y pasa gran parte del día con su gurú y maestro de  música. Su sueño es ser un respetado vocalista de música clásica india siguiendo con la tradición de su padre, quién lo ha preparado desde muy pequeño. De esta manera, el protagonista inicia un camino de arduo trabajo en busca de perfeccionar su talento, como así  también desarrollar esa pureza espiritual necesaria, que exige el arte.

En este sentido, Sharad busca su inspiración en la cantante icónica Maai, que rechazó al público y se desinteresó de la fama. Escuchando sus enseñanzas y meditando sobre la palabra de la cantante, que indica una exploración eterna y mítica dependiendo de una mente inmaculada, para alcanzar el dominio del canto clásico indostaní.

Así, el protagonista persigue su sueño, aquel que su padre le inculcó, pero que no pudo lograr a pesar de su pasión, ya que su talento no le fue suficiente.  Acosado por pensamientos de fracaso y mediocridad repiensa una y otra vez su presente, así como también los días finales de su gurú, quien siendo un gran maestro de este canto tradicional se lo observa en la miseria de la soledad, cantando a penas para un puñado de personas.

Sharad deberá pasar por una ruta de sacrificios y dudas, sorteando la presencia de varias crisis existenciales, que lo llevarán a dudar por momentos, de su verdadero amor y devoción por esta música clásica del norte de la India, a pesar de su constante esfuerzo por dominarla.

“El discípulo” es un viaje a lugares y costumbres de la India reflejados con imágenes que se suceden de forma armoniosa y pausada, sin necesidad de acelerar la narración en ningún momento, incluso ralentizando algunas escenas, como los viajes de Sharad en su moto que se acompañan con el zumbido de la tanpura, ese instrumento de cuatro cuerdas que elabora sonidos de fondo circulares y se constituye como faro al resto de los músicos, si se quiere, características simbólicas al momento que vive el protagonista.

Una película para reflexionar sobre la vida y el paso del tiempo, sobre los anhelos y frustraciones, con una clara intención de inferirle al espectador la necesidad de calma, de bajar un cambio y complacerse con cada escena sin perder detalle.

Casi como un espejismo sorprende desde la oferta, que propone el gigante de la N roja. Un film que con seguridad no ingresará al podio Top 10 de la plataforma y que probablemente quede en el olvido.

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación

Sharad Nerulkar dedica su vida a convertirse en vocalista de música clásica india, en un camino de sacrificio y exploración interior. El paso de los años lo conducirá a cuestionarse sobre sus sueños y fracasos.

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