Documental: No puedo tener sexo

"No puedo tener sexo" incomoda tanto como interpela.

Se estrenó No puedo tener sexo, la ópera prima de Bel Gatti. Presentada como un “hyperdocumental en formato selfie”, la película expone el proceso de una protagonista que no tiene sexo hace cuatro años y que, entre tragedias griegas, dildos, performances y vínculos familiares, intenta reconstruirse o al menos entenderse a través de la ficción.

El film mezcla géneros, recursos y registros sin pedir permiso: hay autoficción, exorcismo emocional, humor crudo y una estética deliberadamente incómoda. Gatti se filma a sí misma con absoluta frontalidad, lo que vuelve el relato íntimo y, por momentos, inquietante.

Sin embargo, esa búsqueda de autenticidad puede volverse también su propio límite: el exceso de exposición, la falta de una estructura narrativa clara y una estética sobrecargada dificultan la conexión emocional con lo que se cuenta.

Aunque el planteo puede resultar provocador o incluso poético para algunas sensibilidades, la película exige una entrega total del espectador.

No puedo tener sexo puede ser leída como un acto de valentía o de exceso y quizás ahí radique su contradicción más interesante: el deseo de mostrarlo todo, sin filtros, puede dejar sin espacio a quien intenta mirar al tratarse casi de un diario íntimo de la autora.

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