El teatro a menudo nos desafía a mirar de cerca aquellas realidades que preferimos consumir a la distancia, filtradas por la pantalla del televisor o las redes sociales. El estreno de “Dribbling” en el Paseo La Plaza se planta exactamente ahí, en la delgada línea que separa la gloria deportiva de la ruina moral. Con la dirección de Ignasi Vidal, la obra se presenta no sólo como un retrato del fútbol de élite, sino como una radiografía humana sobre la impunidad, las presiones asfixiantes y los laberintos de la fama.

Desde el primer minuto, esta puesta en escena arranca a la velocidad de un contraataque letal a través de una trama que no da respiro. En ella, Javier Cuesta (Franco Masini), un crack mundial de veintitantos años en la mira de los clubes más grandes de Europa, amanece tras una noche de excesos con una denuncia por abuso sexual que podría costarle doce años de cárcel.
A su lado, para intentar apagar el incendio, se encuentra su representante, Pedro Guillén (Carlos Portaluppi), un hombre pragmático, astuto y acostumbrado a los oscuros negocios del ambiente, quien propone un arreglo económico inmediato para retirar los cargos, mientras que Javier, atrapado bajo el peso de su propia estrella, jura su inocencia y se niega a recurrir a la ilegalidad.
Para sostener semejante conflicto, la obra descansa sobre las espaldas de dos actores que juegan un verdadero partido de alta intensidad en el escenario. Carlos Portaluppi está soberbio como ese mánager hiperbólico que se mueve con urgencia entre el afecto paternalista y el cálculo financiero más frío. A su lado, Franco Masini brilla con luz propia, entregando una interpretación física y psicológica admirable en la que logra desnudar la vulnerabilidad de un joven que, a pesar de estar acostumbrado a la presión de los estadios llenos, colapsa ante el estrés persistente de verse acorralado en la vida real.
Esta enorme química y la confrontación dialéctica entre ambos mantiene al espectador al borde de la butaca, permitiendo que el texto aborde temáticas extremadamente complejas y delicadas sin caer jamás en el golpe bajo ni en la moraleja barata.

Más allá de la potente dramaturgia que expone fielmente el asedio de los medios y la soledad del futbolista, uno de los puntos más logrados a nivel conceptual es el brillante uso del recurso de los “fuera de campo”. El momento de la conferencia de prensa resulta perfecto, ya que los periodistas nunca se ven, pero sus voces inquisidoras inundan la sala y recrean esa sensación de cacería mediática en la que el protagonista debe responder con la cabeza fría mientras su mundo se cae a pedazos.
A este acierto conceptual se le suma una escenografía sobria y evocadora, perfectamente acorde al texto, que potenciada por una iluminación milimétrica y un diseño sonoro de precisión quirúrgica termina por edificar una atmósfera claustrofóbica de laberinto sin salida.
En definitiva, “Dribbling” se consolida como una propuesta teatral imperdible gracias a que su extraordinario texto encuentra el vehículo perfecto en una potencia actoral que desborda la escena. Es una obra que atrapa, conmueve y empuja a una profunda reflexión desde el primer minuto hasta la fuerza de su desenlace final, convirtiéndose en uno de esos thrillers frenéticos de los que es sencillamente imposible salir de la misma manera en que uno entró.
Para quienes deseen presenciar este vibrante duelo actoral, la obra se presenta todos los miércoles a las 20:15 hs. en la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Av. Corrientes 1660, CABA), con entradas disponibles en boletería o a través de Plateanet.




