Con su ópera prima “Sintió algo verdadero” , Manuel Salomón irrumpe en la escena cinematográfica como director con una propuesta íntima, reflexiva y visualmente conmovedora. Inspirada libremente en la vida y obra del escritor Rafael Pinedo, autor de tres aclamadas novelas post apocalípticas. La película se sumerge en un universo narrativo profundamente humano y melancólico, el cuál tiene como eje el vínculo roto entre dos hermanos cuya relación deteriorada no tiene retorno.
Ambientada en una casa en la Patagonia, específicamente en Bariloche, la cinta se apoya fuertemente en su atmósfera: escenografías austeras pero cargadas de memoria, y una naturaleza omnipresente que enmarca los silencios y las emociones de sus personajes. La fotografía de Javier González Tuñón resalta paisajes abiertos y vastos que contrastan con la intimidad del conflicto central, creando una tensión constante entre lo exterior y lo interior.

Leandro, interpretado con sutil profundidad por Nicolás Yaya, es el eje sobre el que gira esta búsqueda: un hombre que, enfrentado a una crisis existencial, se hace una pregunta personal y profunda ¿Cómo se sigue cuando todo se desmorona? Salomón elige no sobreexplicar la situación; en cambio, trabaja con el silencio, las miradas, los gestos mínimos.
Uno de los grandes aciertos del film es la inclusión de grabaciones familiares en Super 8 que datan de los años 60 y 70. Estas imágenes reales se entrelazan con la ficción para abrir un diálogo poético entre la memoria, el presente y el mito. De esta manera, Salomón propone una experiencia sensible y emocional, donde el tiempo se vuelve un personaje más.

El elenco secundario acompaña con gran solidez; tanto Pablo Sigal como Katia Szechtman, ofrecen una complementación, entre la tensión y la vulnerabilidad de cada uno. El trabajo de arte de Camila Pérez y el diseño sonoro de María Fernanda Sáenz refuerzan la atmósfera nostálgica y quebrada del relato, mientras que el montaje de Federico Rozas y Gonzalo del Val da ritmo y cohesión a un film que navega entre lo contemplativo y lo visceral.
“Sintió algo verdadero” no pretende dar respuestas ni trazar caminos claros. Su fuerza reside en sugerir, en hacer sentir más que en decir. Es una película que, desde su sencillez formal y su ambición poética, se inscribe dentro de una tradición del cine argentino que valora la introspección, la relación con el paisaje y el peso de la memoria.
Salomón nos presenta un debut cinematográfico notable que demuestra una madurez narrativa, acompañado con buenas decisiones visuales que generan un impacto para quién lo mire.




