¿Qué ocurre cuando aparece la reencarnación de un gato en el cuerpo de una mujer? Más si aquel animal era tu máxima prioridad, tu único trabajo, la razón por la cual vivís en un departamento que funciona con inteligencia artificial y cuya única responsabilidad es cuidar ni más ni menos de Réne. Jorge es un tipo común, solitario, algo quebrado por dentro pero adaptado al ritmo de un edificio inteligente que lo protege y lo cuida. Pero un día aparece Lucy, una joven que afirma ser la reencarnación del gato muerto, y que además asegura haber sido asesinada, A partir de ahí, la realidad se agrieta.
7 Vidas es la nueva entrega del colectivo Sarna Cinepunk, una película que nos lleva por un camino al borde incómodo entre lo real y lo absurdo, lo tierno y lo siniestro, lo casero y lo filosófico. A diferencia del cine tradicional, la película nos muestra una estética sucia, libre y punk que el colectivo viene cultivando desde hace más de veinte años. Es cine hecho a pulmón, sin permiso para gustar.

La trama nos abre muchas puertas, tenemos un duelo, una muerte misteriosa y una IA que comienza a fallar en un edificio que solamente funciona gracias aquella herramienta. La historia obliga a Jorge a moverse, a pensar, a desconfiar y a cuestionar toda su realidad, pero no va a estar solo, sino acompañado de Lucy, interpretada por Maia Barrio, que nos ofrece una una energía que mezcla animalidad, juego y sabiduría. Su personaje es lo mejor de la película: un canal entre mundos, una criatura que no encaja pero que todo lo cuestiona.
Joaquín Gallardo( Jorge) hace un buen trabajo para transmitir la desconexión emocional del protagonista con naturalidad. El cansancio y el desconcierto es el reflejo de una generación entera atrapada entre la dependencia tecnológica y el vacío existencial. A su alrededor, un desfile de personajes bizarros como el fumigador, la voz odiosa de Navarro, los vecinos zombificados por la rutina. Esta película construyen un universo que parece cotidiano pero que rápidamente se revela hostil, conspirativo, y en definitiva, inhumano.
“7 vidas” nos entrega un ritmo rápido, desde el momento en que comienza hasta que termina, mientras que la edición nos presenta una urgencia, una necesidad de empujar al espectador hacia adelante, con el fin de encontrar la respuesta cuanto antes. El montaje acentúa la sensación de paranoia: cada decisión parece equivocada, cada pasillo es una trampa, cada gesto una amenaza.

La mayo fortaleza de esta película es la libertad con la que está hecha. No es un film que responde a mercados ni a algoritmos. Es un cine que incomoda, que se arriesga, que pone el cuerpo, nos muestra crudeza y por momentos nos confunde. En una época en donde muchos filmes son comerciales, sin sin originalidad o creatividad, 7 Vidas elige ser única. Su rareza es su belleza. No es una película perfecta. Algunas actuaciones secundarias son planas, y ciertos momentos podrían beneficiarse de una pausa o una limpieza en la puesta. Pero lo que pierde en pulido, lo gana en actitud, en concepto, en corazón.
Esta película nos deja más preguntas que respuesta, ¿Qué pasa cuando la tecnología, en vez de asistirnos, nos sustituye o nos controla? ¿Y qué lugar tiene la empatía en un mundo cada vez más automatizado? pero sin duda son preguntas que valen la pena ser planteadas.




