Debo confesar que cuando vi que “El gran falsificador” se trataba de una película francesa, de dos horas, semi policial, simil acción y encima que todo eso englobaba una biopic pensé: esto va a ser tedioso, muy. Por el contrario, me llevé una grata sorpresa.
La historia de Jan Bojarski, un joven ingeniero polaco que, tras la guerra se refugia en Francia, lugar donde se asentará y resolverá falsificar billetes, -un arte que le dará de comer más de una década- es contada por su director, Jean-Paul Salomé, quien con una paciencia quirúrgica logra plasmar cada parte de la historia del gran falsificador con una elegancia muy digna.

Con el entrañable Bojarski, interpretado por Reda Kateb, veremos un recorrido de su vida desde sus comienzos como falsificador en una banda armada siendo un inmigrante polaco, su paso fallido como inventor, su familia y cómo trata de sostener a la misma mientras tiene una doble vida delictiva, hasta convertirse en “el Cézanne del dinero falsificado”, en el criminal-artista más buscado por la policía de todo Francia. Es en este último punto donde la película encuentra su mejor versión: un juego del gato y el ratón, que nos recuerda a Atrápame, si puedes (2002) con Bojarski como buscado, claro y con el comisario Mattei como el buscador. Dos oponentes que se detestan, pero que se admiran y respetan mutuamente.
El resto del elenco está conformado por Sara Giraudeau (Los colores del tiempo), Bastien Bouillon (El conde de Montecristo).
La película condensa en 218 minutos un poco de todo, no solo es una copia en sí misma de otros policiales franceses, también logra equilibrar ciertos matices, como el drama y el romance, (al abarcar la historia de amor y desamor con su esposa Suzanne), y el thriller psicológico (el complejo vínculo que el personaje principal tiene con Mattei, el detective que busca atraparlo por años), donde todo está pensado minuciosamente para que conectemos con el personaje, esta suerte de héroe romántico, y empaticemos con que, no es precisamente un delincuente.. sino más bien, un artesano del arte.
Claro que al ser una biopic todo resulta un poco predecible, no hay grandes hazañas, no las esperen. El valor agregado de este film recae precisamente en lo mencionado antes: el arte de poder contar (bien) y hacerle honor, a la historia de.



