Tras alzarse con la Mención Especial del Jurado en Málaga (Zonacine) y pasar por el BAFICI, llega a la cartelera comercial del Cine Arte Cacodelphia “Los nadadores”, la ópera prima de Sol Iglesias SK. Una distopía minimalista y asfixiante que prescinde de los efectos especiales para fundar su impacto en el sudor, la alienación juvenil y una atmósfera sonora de enorme potencia.

El cine apocalíptico nos tiene malacostumbrados al despliegue técnico, las explosiones y la épica de la supervivencia. Sin embargo, en su debut en el largometraje, la joven directora argentina Sol Iglesias SK toma el camino inverso: en Los nadadores, el fin del mundo se experimenta como una insoportable e interminable resaca. La película arranca con un prólogo desolador en una ciudad vacía, abandonada por casi toda la población bajo la dictadura climática de 368 días de verano y tres jornadas consecutivas sin noche ni suministro eléctrico. Mientras unos altavoces insisten de fondo con una evacuación masiva y pasajes agotados, un noticiero televisivo informa que el termómetro ya marca los 47 grados y seguirá subiendo. En medio de este paisaje de vías y vagones abandonados, un cuarteto de jóvenes camina las calles desiertas y entra a un kiosco saqueado en busca de bebidas y helados que logren refrescar sus cuerpos.

Tras esa secuencia inicial, el relato se transforma en un seguimiento casi voyerista de estos cuatro amigos: Victoria, Maqueta, El Rubio y “Ella”. Su supervivencia no consiste en construir búnkeres, sino en saltar las rejas de las mansiones abandonadas de Zona Norte para okupar piscinas hogareñas, buscando que el agua funcione como bálsamo frente a la ola de calor. Lejos de funcionar como un grupo homogéneo, este retrato coral de “cuerpos cansados” cobra un sentido político fundamental al comprender su origen: la película es la declaración de principios de Los Nadadores Cine, un colectivo conformado horizontalmente por Sol Iglesias SK, Valentina D’Emilio, Joaquín Fretes, Tobías Reizes y Carmen Del Castillo. Al exponer sus propios cuerpos a la cámara en un acto de autoficción y resistencia comunitaria, los realizadores convierten el letargo en una experiencia física que roza lo psicodélico.
A partir de esta puesta en cuerpo, cada integrante expresa la apatía o la supervivencia de una forma muy distinta, alimentando el viaje alucinógeno de la trama. Por un lado, Maqueta (Tobías Reizes) encarna el punto más tenso ya que, en una historia estructurada en torno al escape acuático, padece una marcada fobia al agua que transmite el trauma puro de habitar una Buenos Aires a 50 grados. En contraposición, El Rubio (Joaquín Fretes) refleja el desapego absoluto, habitando las grietas de la crisis con total naturalidad mientras se deja llevar por la corriente de la invasión silenciosa. Asimismo, Victoria (Valentina D’Emilio) aporta la energía magnética y el impulso de salir a la calle, cargando el relato de un erotismo contenido y una violencia latente bajo el sol abrasador, mientras que Ella (Sol Iglesias SK) actúa como la observadora interna del grupo, tiñendo la dinámica del cuarteto con un misticismo extraño que termina por empujar la puesta en escena hacia el delirio.

De esta manera, los personajes lucen anestesiados, eludiendo cualquier tipo de actuación melodramática, grito o pánico ante el colapso social. El minimalismo se impone a través de diálogos cortos, cigarrillos, gaseosas calientes y una profunda incapacidad para comunicarse. Así, se demuestra que en este universo la soledad no se define por la falta de gente, sino por una desconexión radical con el otro que funciona como caldo de cultivo para una violencia latente, sorda y cotidiana.
Esta desconexión se traslada directamente a la propuesta visual, donde Iglesias SK evita el encuadre complaciente o estilizado. La cámara trabaja los primeros planos de manera pesada y estancada, imitando la inercia del clima insoportable y obligando al espectador a estar incómodamente cerca de la piel, del sudor y de la confusión de los personajes. Al fragmentar los cuerpos y negarnos la perspectiva general, la puesta en escena genera una paradoja brillante: una claustrofobia insoportable en pleno aire libre.
Es precisamente en esta falta de perspectiva visual donde el diseño sonoro y la banda sonora se vuelven indispensables, funcionando no como un mero aditivo, sino como el tejido conectivo de la experiencia. Dado que la cámara se niega a ordenar el espacio, el espectador se ve obligado a “completar” la vacuidad de la ciudad a través de un fuera de campo sonoro abrumador. La música y los ruidos incidentales no compiten con la imagen; la sostienen cuando se vuelve minimalista y expanden los límites de lo que la puesta en escena decide encerrar. Lejos de canibalizar el relato, el tratamiento del sonido se pliega de manera orgánica a la propuesta corporal del colectivo: a medida que avanza el metraje, los límites de la realidad se vuelven borrosos y la película profundiza en una zona emparentada con lo alucinógeno, lo opresivo y lo psicodélico, operando finalmente como un “mal viaje” en cámara lenta.

En consecuencia, el tiempo deja de ser lineal y las conversaciones carecen de un inicio o un fin claro: el espectador se engancha a la mitad de una charla antes de que alguien la interrumpa, lo que refuerza esa inercia de estar atrapados en un bucle donde nada cambia. En esa atmósfera suspendida flota en el aire la certeza absoluta de que algo terrible va a pasar, sin que nadie —ni los personajes ni el público— haga nada por evitarlo.
En conclusión, la ópera prima de Sol Iglesias SK convierte al público en un testigo incómodo; la atmósfera es tan pesada que terminamos contagiándonos de la misma apatía de sus protagonistas. En ese abandono lánguido y desesperanzador, Los nadadores se consolida como una de las propuestas más originales, físicas y sensoriales del cine de género nacional reciente. Una distopía que no necesita del mañana ni de la espectacularidad técnica para hacernos sentir el verdadero peso del vacío.
Funciones y Agenda
La película se presenta en el mítico complejo Cine Arte Cacodelphia (Av. Roque Sáenz Peña 1150, CABA) todos los sábados a las 21:00 hs, extendiendo su permanencia en cartelera durante fines de agosto y las primeras semanas de septiembre:
Sábado 22 de agosto
Sábado 29 de agosto
Sábado 5 de septiembre
Sábado 12 de septiembre
Las localidades pueden adquirirse de manera anticipada a través de la boletería virtual del Cine Arte Cacodelphia o de forma presencial hasta el inicio de cada función.




