Este largometraje de sesenta minutos cuenta con una particularidad que lo diferencia de muchas otras propuestas: está dividido en tres actos, tres encuentros y tres conversaciones distintas. Cada momento guarda similitudes con el anterior, aunque el contenido de lo que se habla o escucha no es el mismo, cambia a uno nuevo.
En esta película conocemos a dos protagonistas. Por un lado está Juan Morgenfeld, un joven apasionado por el cine que tenía planeado ver una película ese mismo día. Por el otro está Camila Buch, una chica vinculada a la música y a la guitarra que, al igual que Juan, también es amante del cine y tenía una función programada. Es allí donde ambos se conocen o, mejor dicho, se reencuentran. Según Juan, ya se habían cruzado en una fiesta tiempo atrás, aunque Camila no tiene ningún recuerdo de aquel encuentro.

Lo primero que hacen es ir a una tienda de guitarras, en donde Camila interpreta una de sus canciones, lo cual en primera instancia es una grata sorpresa. Luego se dirigen a un bar en donde establecen una conversación extensa sobre sus vidas, luego se separan y Camila se reúne con su amiga Sol Masaedo, en donde también establecen una conversación, en este caso relacionado a una personal de Sol. Al final Camila se va hacia la cita solitaria al cine que tenía programada. En donde al salir se reencuentra con Juan, para dar comienzo al segundo acto.
En el segundo acto y el tercero, las actividades se repiten, como si fuese un loop, en el cual están atrapados. No se siente repetitivo, porque las conversaciones difieren, las canciones que Camila compone no son las mismas, las historias, atrapantes, no se asemejan a las anteriores, dándole un toque distintivo. Este film no cuenta con la tradicional estructura de las películas cotidianas. Acá no hay un inicio, un nudo o un desenlace, acá hay tres actos que se repiten, con algunas diferencias pero con las mismas ideas. Eso puede causar un cierto desinterés para aquellos que están acostumbrados a lo clásico y está bien, cada uno tiene sus gustos, de la misma manera que habrá aquellos que encuentren este largometraje, esta historia, estos personajes, sumamente atrapantes.

La cinematografía y la edición, de bajo presupuesto, están a la altura. La imagen ofrece una estética interesante, La imagen presenta una estética atractiva, mientras que el montaje aporta dinamismo en la transición entre escenas. Las locaciones recorren diversos espacios emblemáticos de la cinefilia porteña, como el hall de acceso de la Lugones, el Cine Arte Cacodelphia, el Lorca, el Centro Cultural San Martín, el Gaumont y el BAFICI. Las actuaciones de Juan, Camila y Sol hacen que los personajes se sientan auténticos, únicos e interesantes.
En conclusión, “En el cine” es una película diferente a las demás, con una estructura particular que no se suele ver, que apuesta más por el encuentro, la conversación y la repetición como forma de exploración emocional. A través de sus tres actos (similares en forma pero distintos en contenido), la película construye una historia que invita al espectador a observar cómo pequeños cambios transforman los vínculos y las percepciones entre los personajes. Con una estética sencilla pero efectiva, y actuaciones naturales, este film logra convertir situaciones cotidianas en un retrato íntimo sobre las conexiones humanas, el azar y las segundas oportunidades, dejando abierta la interpretación y apelando a un público dispuesto a dejarse llevar por su propuesta contemplativa.



