El debut cinematográfico de Wanda Nara llega a los cines argentinos el próximo jueves 22 de octubre de la mano de “¿Querés ser mi hijo?”. La producción se presenta como una comedia de enredos clásica, diseñada específicamente para el consumo rápido y una futura llegada al streaming.

Dirigida por Hernán Guerschuny, quien decide transitar los caminos seguros del humor familiar alejándose de la acidez de sus trabajos previos como “Casi Feliz” o “Doble Discurso”, la película no busca revolucionar el género. Su propuesta es ofrecer un relato pasatista apoyado en la química de su dupla central.
El film adapta con códigos rioplatenses la premisa de la película mexicana original estrenada en 2023 por la plataforma ViX. La historia sigue a Lu (Wanda Nara), una mujer que, tras descubrir la infidelidad de su pareja de quince años, decide empezar de cero y regresar a su antiguo departamento de soltera. En medio de esa crisis, se le presenta la oportunidad laboral de su vida, pero para conseguir el puesto directivo miente asegurando que es una asentada madre de familia.
El nudo de la comedia se dispara cuando la empresa le exige pasar un fin de semana de convivencia corporativa junto a los ejecutivos y sus familias. Desesperada, Lu decide contratar a su nuevo vecino, Javier (Agustín Bernasconi), un joven ruidoso y mujeriego de 23 años, para que viaje con ella y actúe bajo el rol de un obediente hijo de 19.

A partir de allí, el mayor acierto de la producción reside en su ritmo ágil. La dinámica de esta farsa genera situaciones de comedia física y equívocos bien resueltos desde el montaje, obligando a los personajes a sostener un doble juego constante. En ese ecosistema de mentiras, las apariciones de actores de reparto experimentados como Jean Pierre Noher y la comediante Charo López le aportan un soporte humorístico necesario y efectivo a las escenas cotidianas.
Wanda Nara muestra en pantalla una faceta carismática que se alinea de forma directa con su personalidad pública. Su interpretación resulta fresca y se complementa bien con su coprotagonista, logrando que el vínculo entre ambos sostenga el interés de la trama en sus momentos más flojos.
Aunque el guion abusa de ciertos clichés y resoluciones convenientes, la película da forma a su propia identidad cuando abraza su liviandad. Es una propuesta noble dentro de sus limitadas ambiciones, ideal para quienes buscan una comedia simpática, directa y sin mayores complicaciones argumentales.
Al final, su metraje se desliza con la amabilidad de un entretenimiento pasajero; un destello tenue que cumple con acompañar la mirada durante un par de horas, pero que no busca dejar rastro en la retina una vez que llegan los créditos. Su mayor mérito es, quizás, saber habitar la superficie sin la pretensión de sumergirse.




