El teatro independiente de Buenos Aires suele resguardar sus mayores tesoros allí donde la cartelera comercial no siempre se atreve a indagar. En ese terreno fértil de la experimentación y el compromiso colectivo se posiciona una de las grandes joyitas de la temporada porteña: “Una muerte compartida”, la vibrante pieza de Paolo Giuliano que regresó al escenario de El Tinglado Teatro para demostrar la vigencia y potencia de nuestro circuito alternativo.
La obra, escrita y dirigida por Giuliano con un pulso preciso y libre de excesos, se despliega ante la platea como un implacable dispositivo dramático. A través de un entramado repleto de detalles sutiles, la puesta en escena consigue hacer convivir la risa, el llanto y la reflexión en dosis perfectas, ofreciendo un espectáculo de altísimo nivel donde la vida transcurre de forma cruda y sin artificios.
El pacto de silencio en el pueblo
Ya desde el instante en que se ingresa a la sala, la propuesta sumerge al espectador en la asfixiante dinámica familiar de un pueblo del interior. La trama arranca bajo la sombra del luto por la muerte de Laura Benavídez. Mientras su madre, Nora, intenta procesar el dolor aferrándose a una “versión oficial” maquillada por una supuesta enfermedad, la inesperada irrupción de Marcos —un hijo oculto hasta entonces para el entorno pueblerino— rompe el pacto de silencio y desata una serie de revelaciones que resquebrajan los cimientos de todo el clan.
Para sostener este universo, la escenografía y el diseño lumínico juegan un rol fundamental a través de un planteo despojado pero sumamente efectivo. La puesta en escena simula una casa de provincia que se percibe enorme gracias a un constante y estratégico juego de entradas y salidas. Este dinamismo espacial no solo refuerza el clima de intimidad y encierro, sino que funciona como el territorio perfecto donde se guardan secretos para esquivar el chisme destructivo y el prejuicio social de la comunidad.
Identidades y la crudeza de lo real
Es justamente en el centro de este laberinto vincular donde el guion ubica a las elecciones sexuales en el eje de la escena, desnudando un tabú estigmatizante que arrasa con familias enteras. El texto avanza con una naturalidad asombrosa, tejiendo una tensión latente que crece escena tras escena al abordar con valentía temáticas urgentes como la violencia intrafamiliar, las secuelas de la falta de amor y el rechazo hacia las identidades disidentes.
Sin embargo, el verdadero motor de esta conmovedora experiencia radica en la complejidad de sus personajes y en la entrega absoluta de su elenco. Cada intérprete ofrece un trabajo profundamente orgánico y cargado de matices, donde la emoción no se declama, sino que se vive con una verdad que incomoda y moviliza. La fuerza del mensaje radica precisamente en la veracidad de esos vínculos conflictivos que obligan al público a confrontar sus propios sesgos.
Conclusión
La obra encuentra el punto de equilibrio perfecto entre la crudeza de lo real y la poesía de lo íntimo, manteniendo al público en vilo hasta el desenlace. En conclusión, “Una muerte compartida” es puro teatro; una propuesta fuerte y movilizadora que indaga en las despedidas y en los lazos que resisten o se rompen, recordándonos que, incluso en el dolor de la pérdida, el arte siempre nos permite hallar la belleza.
Ficha técnico-artística
Dramaturgia y Dirección: Paolo Giuliano
Elenco: Luciano Diani, Lautaro Disi, Ezequiel Esteban Martinez, Micaela Oro, Fernanda Penas
Diseño visual y espacial: Gabriela Delmastro (Escenografía y Vestuario) y José Binetti (Luces)
Música y Sonido: Fernanda Martínez Mina (Diseño de Sonido y Música Original)
Realización y Producción: Laura Villoldo (Asistencia de Dirección), María Gracia Geraci (Fotografía), Arena Digital (Contenidos Digitales y Diseño Gráfico) y Julieta Ferrando (Producción Comercial)
Teatro: El Tinglado Teatro (Mario Bravo 948, CABA)
Funciones: Domingos a las 12 hs
Las localidades se adquieren mediante Alternativa Teatral




