“Cien años de soledad” temporada 2, de Laura Mora, crítica

Si hay una obra a la que se le pueden atribuir un sin fin de lecturas posibles, esa es la novela de Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”. Con su adaptación a la pantalla chica, se puede decir que ese carácter polisémico, propio del texto original, se mantiene a lo largo de todos sus episodios. Ya que es una producción que abarca temas que van el amor, la familia, la justicia y la política internacional, hasta el destino, el imperialismo y la explotación latinoamericana, la repitencia del tiempo y el olvido.

La segunda temporada de “Cien años de soledad” retoma la historia de Macondo y su familia fundacional a lo largo de sus siete generaciones, los Buendía. Comenzando inmediatamente en donde la primera parte terminó, con el coronel Aureliano liderando al partido liberal en sus últimos esfuerzos por derrocar el régimen de los conservadores y liberar al pueblo. Aquí se hace presente la primera de las lecturas. Más luego, cuando la historia continua a la siguiente generación (la de José Arcadio II y Aureliano II) y el eje temático se corre a la modernización y la llegada de la industria extranjera, los conflictos comienzan con sus tintes gremiales. Sin embargo, la violencia y el amor no correspondido o indebido, son los dos ejes centrales que ser repiten sin cesar.

Es difícil proponer a un grupo protagonista en una serie que se compone de manera coral, más aún cuando los principales protagonistas son todos los integrantes de la misma familia a través de los años, a través de las muertes. Quien sí permanece íntegramente a lo largo de toda la obra es el propio pueblo de Macondo. Y se puede considerar un personaje más porque es a través de él que los espectadores pueden dilucidar, antes de que el guion lo revele, en qué momento de su historia se encuentra. Si está en auge, rebozando vida y alegría, o si por el contrario, al igual que la familia fundadora, se encuentra en una profunda crisis.

Una de las hipótesis que se pueden extraer de la serie, incluso hasta medio masticado por esta, es que el tiempo es circular. La familia Buendía es la prueba fehaciente de eso. Los nombres se repiten, los amores indebidos vuelven, y los conflictos terminados en desgracia tocan las puertas de la casa familiar en todas sus generaciones. Es tanto una trama real como un reflejo de la sociedad y el continente en el que se haya la historia. Cambios de regímenes que traen consigo violencia, avances tecnológicos que machacan los derechos de las personas y los disfrazan de ventajas, violencia institucional que luego justifica sus propios excesos y trata de borrar la memoria de los pueblos. Todo lo que sucede en la serie ya ocurrió en un capítulo o en una vida anterior, y volverá a ocurrir a medida que transcurran los años venideros.

La obra es una coproducción Colombia-Estados Unidos, producida por Dynamo Producciones y Netflix. Como productores se encuentran Laura Mora, Rodrio y Gonzalo García Barcha, siendo la primera la directora principal. Dentro de su elenco se encuentran Claudio Cataño, Susana Morales Cañas, Viña Machado, Carla Baratta y María Adelaida Puerta, entre otros. Cabe destacar que la adaptación y el guion fueron responsabilidad de José Rivera y María Camila Arias.

“Cien años de soledad” concluye como una super producción extraordinaria y muy bien aterrizada. Cuenta con unos valores de producción fuera de lo común, lo que se hace notar en los sets (todas locaciones reales), los efectos prácticos, el departamento audiovisual y de vestuario. Es una obra que toma con mucho respeto y responsabilidad el material original y lo transforma, con sus pequeños cambios, en una serie que todo el mundo puede disfrutar, incluso sin haber leído el libro. 

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