3000 KM en bicicleta (2025) Critica

Ganadora del Premio Astor Piazzolla al Mejor Largometraje en la competencia latinoamericana del 40 Festival de Cine de Mar del Plata

3000 km en bicicleta es una pieza casi íntima de viaje, donde la BMX no es solo una bici, sino un símbolo de lo que Iki —Iñaki Mazza— dejó atrás y lo que trata de reconstruir. Desde el principio, su desconcierto no suena épico, suelta frases duras, enseña su medalla con resignación y parece pedaleando no para demostrar nada, sino para saber quién es después de todo lo que ganó.

El camino de Córdoba a la Patagonia no es limpio ni simple hay pinchaduras, encuentros con la policía y rutas ásperas. Pero eso se siente a favor, no como obstáculo narrativo. Esos tramos funcionan como si estuviéramos tomando decisiones junto a Iki, permitiendo que su protagonista sienta el viento, el cansancio y también la inspiración. 

Iki no viaja solo. Está Abyss, con sus poemas, con sus mensajes que parecen cápsulas de afecto lanzadas desde la distancia. Esa relación no es romántica en el sentido tradicional: está teñida de fragilidad, de una conexión que quiere sostenerse incluso cuando la vida se deshace. Es justamente ese hilo emocional, entre lo personal y lo externo, lo que hace que la travesía sea más poderosa que cualquier logro deportivo.

La película abre la discusión sobre qué significa “éxito” cuando lo que ganaste ya no te representa, y sobre cómo la cultura del BMX —esa mezcla de rebeldía, estilo y peligro— puede ser también un refugio para quienes no encajan en las rutas convencionales. Para Iki, subir a la bicicleta es, más que un regreso, una forma de regeneración.

En definitiva, 3000 km en bicicleta no es solo un documental para fanáticos del deporte, es una invitación al desorden, al vacío y a la reconstrucción. No espera que admires a su protagonista como un héroe. Solo que lo acompañes mientras pedalea, se pierde, vuelve a pedalear y trata de encontrar algo real al final del camino. Y, en ese ir y venir, algo de su búsqueda se vuelve universal.

Federico Pilarche

Apasionado por los pixeles desde el juego de Felix para NES.

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