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“Charlotte” de Simón Franco. Crítica

Glorias pasadas

Simón Franco, director de las aclamadas “Tiempos Menos Modernos” y “Boca de pozo” estrena su nuevo filme “CHARLOTTE” en forma simultánea en la plataforma de Cine.ar/play y en pantalla grande.

Los personajes que rigen las historias de Simón Franco parecen haber quedado detenidos en algún momento de su propio tiempo, se encierran de forma hermética en su microcosmos y de diversas formas, es el afuera quien viene a “golpear la puerta” y sacudirlos de sus letargos personales.

Eso es precisamente lo que le sucede a Charlotte, la nueva protagonista creada por Franco que da título a su nuevo filme,  cuando una nota del diario -que cruza casi por casualidad-, la sacude y la impulsa al cambio.

Justamente en esa nota se anuncia que un afamado director de cine comienza a filmar en Paraguay su nueva película. Es aquel director que hace muchos años atrás ha sido el mentor de Charlotte, quien la descubrió y pudo darle cierto espaldarazo a su carrera para que luego, y con el tiempo, todo cayera en el doloroso olvido que muchas veces viven las estrellas. Todo está teñido por esa  melancolía, por el hecho de extrañar esos tiempos pasados que siempre parecen mejores, y ese será el eje más importante que trabaja Franco para delinear a su personaje principal.

CHARLOTTE” (a cargo de una brillante Ángela Molina, recientemente ganadora del premio Goya de Honor 2021) es esa actriz que supo conocer la gloria y los momentos de oro en el cine, la misma que varias décadas después y alejada completamente del medio, reconstruye fragmentos de su memoria, se siente invadida por los recuerdos y logra comenzar a unir las esquirlas de su pasado con este artículo del diario que sirve de disparador para esta nueva aventura. Con una imponente seguridad, saldrá al encuentro de este proyecto que ella cree ideal para sí misma y emprenderá ese viaje que representará, al mismo tiempo,  una profunda búsqueda pero también un reencuentro, no solamente con vínculos de su pasado sino principalmente con ella misma y su propio deseo olvidado.

Saldrá rápidamente a la ruta, rumbo a Paraguay en una desvencijada casa rodante con la única compañía de su inseparable “asistente” oriental. Mientras  la película puede disfrutarse como una road movie, una película de viajes y de caminos, también nos invita a la reflexión del inexorable paso del tiempo, de los sueños perdidos, de la aceptación del pasado y de la finitud de nuestro propio tiempo.

Lo interesante del trabajo de Franco es que no reflexiona en base a subrayados ni con personajes declaman frases pretenciosas sobre el sentido de la vida. Por el contrario, desde las primeras escenas (con una participación de Fernán Mirás como su psicólogo) se sirve de un humor negro, pleno de ironía, que por momentos bordea un sano delirio, tocando el absurdo. La cámara acompaña a Charlotte, a través del humor, en este viaje de introspección, de indagación personal y fundamentalmente de la aceptación del paso del tiempo y de la realidad del aquí y ahora.

Entremezclando el olvido, la memoria, los recuerdos y las ilusiones de recobrar cierto brillo de aquellos buenos viejos tiempos, Charlotte se mueve a fuerza de puro deseo e inclusive rodará un comercial (indudablemente lo mejor de la película porque condensa en muy pocas imágenes, claras y contundentes, la idea estructural que recorre todo el filme) como medio para alcanzar su objetivo.

El punto fuerte del nuevo filme de Franco es indudablemente la presencia de una figura estelar como Ángela Molina, completamente entregada a los pliegues de su personaje, logrando una vez más emocionar y transportarnos en la historia con esa belleza natural, lejos de cualquier cirugía y retoque estético, que se impone en esos hermosos primeros planos. Aunque en algunas entrevistas el director ha revelado que el personaje había sido inicialmente escrito para Geraldine Chaplin, Molina parece ser la actriz perfecta a la que este personaje le calza como un guante. Ella, por su parte, lo disfruta y lo paladea a cada momento permitiéndose abordar las distintas facetas de su criatura con total naturalidad y una espontaneidad que inunda de frescura a la película.

La acompaña Ignacio Huang (“Un cuento chino”) como su asistente Lee en otro trabajo a puro sentimiento y el elenco se completa con las participaciones de Gerardo Romano, Mirás y Lali González, la actriz de la famosísima “7 Cajas” y a quien recientemente vimos en  “Los que vuelven” de Laura Casabé.

Mezcla de road movie con fábula naïf, de viaje de búsqueda pero también de aceptación, “CHARLOTTE” gana en su registro intimista y en un trabajo entrañable de Molina que sobrepasa la pantalla –es delicioso verla, por ejemplo, tararear una canción pegadiza de Miranda-, a través de una historia de caminos que puede tomar diversos sentidos y puntos de vista, pero que tiene el común denominador de la tiranía del tiempo, del fantasma de un glorioso pasado pero que fundamentalmente se plantea desde una mirada positiva y audaz en vistas hacia el futuro.

Dirección
Guion
Arte y Fotografia
Música
Actuación

Mezcla de road movie con fábula naïf, “CHARLOTTE” gana en su registro intimista y en un trabajo entrañable de Molina que sobrepasa la pantalla –es delicioso verla, por ejemplo, tararear una canción pegadiza de Miranda-, a través de una historia de caminos que puede tomar diversos sentidos pero con el común denominador de la tiranía del tiempo, del fantasma de un glorioso pasado pero que fundamentalmente se plantea desde una mirada positiva y audaz en vistas hacia el futuro.

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