La ópera prima de Lucía Garibaldi constituye el primer film uruguayo en participar del Festival Sundance donde obtuvo el reconocimiento a la mejor dirección. Además, la película fue considerada la mejor en la competencia del Festival Cinélatino de Toulouse. Por Juan Páez

Los tiburones (2019) es el primer largometraje de Lucía Garibaldi, del cual es guionista y directora. El film narra la historia de un tranquilo pueblo vacacional que sufre la llegada de tiburones a sus playas, o por lo menos eso es lo que se rumorea. La posibilidad de su sola presencia inquieta a los vecinos quienes se organizan para erradicarlos de sus aguas.

Es sabido que los tiburones se caracterizan por ser grandes depredadores. En este trabajo, Garibaldi toma esta premisa para construir con ella el carácter de su protagonista. Rosina es una adolecente tranquila, algo introspectiva, morosa en sus movimientos, pero a la vez es decidida, rebelde y ágil. Desde esta perspectiva, resulta interesante observar cómo se logra una identificación entre la protagonista y los tiburones.

El film se inicia con un plano picado que acompaña a la adolescente mientras escapa de su padre quien la persigue. Su respiración agitada ambienta esta primera escena. Luego de correr por el asfalto frente a un cielo abiertamente azul, Rosina llega a la playa y se dirige al mar como si el agua realmente lograra calmarla. Esta persecución padre-hija anticipa indudablemente la cacería de los tiburones que los vecinos emprenderán, tras conocer la noticia de su posible presencia en las playas.

De esta manera se establece una analogía interesante entre la figura femenina y los tiburones ya que ambos constituyen un desvío de la norma y un alejarse de lo que debería ser. Por un lado, tenemos la presencia de los tiburones que crea una atmósfera de nerviosismo en los vecinos, quienes saben que estas criaturas marinas no deberían estar allí, puesto que constituyen una amenaza no solo a la vida humana sino también un daño económico irremediable. Por eso resulta crucial alejarlos, extinguirlos de las playas, porque si la noticia circula y se expande el turismo se vería claramente damnificado.

Por su parte, la protagonista atraviesa la cinta quebrando los mandatos. Rosina no debería comportarse con la frialdad con que lo hace, sin embargo, decide y ataca, tal como lo haría un tiburón. Así, por ejemplo, secuestra a Ramona, la perra que pertenece a Joselo, el chico que le gusta, sólo porque este no se comportó bien con ella. Comportamientos como este dan cuenta de la manera en que Rosina merodea a su presa, cada accionar es un mordisco que deja huellas. En este sentido, se produce un desplazamiento en tanto pasa de ser la presa de una cacería (padre-hija) a ser la depredadora: ve en Joselo como una presa, lo mira, lo estudia y arremete.

Sin embargo, el punto más claro respecto a esta identificación que se logra entre el personaje y los tiburones, se evidencia en la escena en que ella se cepilla los dientes. No solo porque al hacerlo escupe sangre como consecuencia del uso del hilo dental, sino que además expone su boca abierta como si se tratara de un tiburón mostrando las fauces. Su rostro fragmentando en el espejo levemente inclinado evoca la mordedura.

En cuanto a los planos, en la película, los primerísimos planos permiten mostrar la expresividad de los personajes, incluso, por momentos, posibilitan una cuota de humor como sucede cuando los compañeros de trabajo de Rosina juegan con los expulsores de aire desfigurando sus rostros, recurso propio de las caricaturas. Asimismo, encontramos planos generales que  permiten disfrutar de los escenarios naturales en que fue rodado el largometraje: playas, arenas y atardeceres paradisíacos.

En suma, este trabajo propone una identificación constante entre el modo que tienen de comportarse los tiburones y el modo que tiene de ser la protagonista. Si bien la presencia de estos depredadores no pasa del plano discursivo del rumor, las características de su comportamiento definen las acciones de Rosina. En este sentido, la película ahonda en las aguas instintivas de la adolescente, descubriendo su propia interioridad: su carácter decisivo para actuar guiada por el intuición.

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