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“TRES D” de Rosendo Ruiz. Crítica.

Cómo vivir un festival de cine... y no morir en el intento

En pleno furor de Festivales Virtuales y encuentros cinéfilos vale la pena rescatar la película que Rosendo Ruiz filmó dentro del FICIC – Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín-, después de su exitosa “En Caravana”.

Un festival de cine tiene un código interno, un lenguaje propio: grillas, maratones para coordinar horarios y correr de sala en sala, afiches que empapelan y van engalanando la ciudad, entradas que se agotan, dormirse en el cine por el agotamiento, la voracidad de no querer perderse ningún título de los considerados imprescindibles dentro de cualquier lista cinéfila, litros de café, largas colas frente a las salas en donde se intercambian datos y se despuntan las críticas al paso y las calurosas recomendaciones.

Un festival es también un espacio de resistencia, un lugar en donde puede defenderse el cine independiente, disfrutarse de ese cine de autor que por el azar de la distribución no llega fácilmente a las carteleras y donde siempre se espera descubrir un nuevo director que nos sorprenda y nos conmueva, o encontrarnos en algunas de las charlas con el público, con alguno de nuestros directores favoritos.

Cuando además se realiza en una ciudad pequeña, las calles se inundan de acreditados con sus credenciales colgadas al cuello como símbolo de orgullosa  pertenencia, técnicos y directores paseando por la calle principal y tomando un café en un icónico bar del centro y críticos en otra mesa debatiendo fervorosamente una película.

El ojo atento de Rosendo Ruiz filma todos los entretelones del FICIC, empezando por el proceso que involucra a los preparativos previos y los detalles iniciales. Amalgama un historia de ficción dentro del Festival que dialoga armónicamente junto con segmentos de un perfil más documental en donde se incluyen reportajes con los directores asistentes al evento, críticos y personalidades destacadas, dentro de esos días tan particulares en los que una ciudad dominada por el folclore, respira exclusivamente cine.

Esta pequeña historia de ficción que narra el encuentro entre Matías (Matías Ludueña) que trabaja dentro del Festival y Mica (Micaela Ritacco), que luego se convertirá en un pequeño triángulo amistoso / amoroso con la aparición de Lorena (Lorena Cavicchia), se construye como una simple excusa para acercarnos a los directores que vuelcan frente a la cámara de Ruiz todo su oficio y abren el debate frente a los diferentes disparadores que despiertan en cada uno la necesidad de filmar, además de buscar estéticamente una diferencia frente a la unificación de un standard que parece imponer la gran mayoría del cine americano, que en cierto modo ha colonizado el gusto de los espectadores.

Ruiz aporta miradas tan diversas como las de Nicolás Prividera, Gustavo Fontán o José Celestino Campusano que confluyen en su pasión por hacer cine y quizás todo pueda resumirse en una frase de Campusano que lo explica todo: “el cine es una herramienta de vinculación”.

Con este trabajo estrenado mundialmente en el Festival de Rotterdam, Ruiz borra los límites  de ficción y documental y nos sumerge en una pregunta que es el vector de todo su trabajo: “¿Por qué hacer una película?”. En estos momentos en donde es tan sencillo poder filmar hasta desde un celular, los realizadores se cuestionan sobre su necesidad interna de hacer cine, de buscar el alma de lo que se quiere contar y explorar la forma de hacerlo.

Enhebrados por esta historia ficcional que sirve de unión con los otros fragmentos, también estarán presentes la mirada de los críticos -con la participación del gran Jorge García-, de los nuevos directores como Germán Scelso que presenta dentro del marco del festival su película “La sensibilidad” –en donde además se habla de la historia reciente de nuestro país: la lucha de las Abuelas, los desaparecidos y la mirada política-, del rol de los jurados dentro de todo Festival y del indivisible vínculo entre crítica y cinefilia.

También se abre el debate si existe un cine particularmente diseñado para el circuito de festivales que cumple con determinado formato preestablecido: la típica película que arma su éxito en el recorrido internacional de festival en festival, pero que luego no tiene la menor trascendencia dentro de la cartelera comercial con su falta de llegada y su escaso vínculo con el público.

Más allá de algunas imperfecciones a nivel guion dentro de la historia de ficción, “TRES D” se erige como un testimonio valioso del universo de los festivales de cine en nuestro país que van creciendo año a año, alejados de la hegemonía BAFICI / MAR DEL PLATA, y como interesante reflexión cinéfila sobre la pasión que despierta el séptimo arte tanto en los realizadores como en los críticos y los espectadores, y la presencia de esa pulsión vital de seguir filmando y mostrando nuevas historias, que Rosendo Ruiz atrapa tan fielmente.

Para quienes la quieran ver, volver a ver, recordar y disfrutar, le dejamos acá el enlace

https://www.youtube.com/watch?v=3eJIyYrfXVI

 

Calificación

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Guion
Actuación

Un mirada de los festivales de cine con directores, críticos, público, la tensión festivalera... y una historia de amor. Todo bajo la cámara inquieta de Rosendo Ruiz ("En Caravana" "Casa Propia")

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