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“Tiempo perdido”. Crítica

Cuando todo lo que construimos en nuestra vida, empieza a ser cuestionado por uno mismo

El largometraje dirigido por Francisco Novick y Natalio Pagés se convertirá en un llamado de atención y llevará a replantear las prioridades establecidas.

Muchas veces, nuestro objetivos para llevar adelante “la vida perfecta” nos enceguecen, aíslan del resto del mundo  y nos llevan a perdernos de todo aquello que es verdaderamente importante. Lo alentador de darse cuenta de ello, es tener la oportunidad de modificarlo y generar un equilibrio positivo.

La vida de Agustin Levis – Martin Slipak – trasciende sin mayores sobresaltos Es un importante intelectual radicado en Noruega, con un doctorado en Letras y un importante cargo en la Universidad de Oslo. Vive por y para los estudios, privándose – por decisión propia – de  todo lo que no se relacione con ello. Pero toda esta vida se pondrá en jaque durante una visita a Buenos Aires cuando se reúna con su Mentor.

Resulta imposible pensar a lo largo de toda la película como es que el personaje interpretado por Slipak, busca autoconvencerse de que su vida es la que todo el tiempo deseo aunque, en el fondo, sabe que eso no esta bien. Permanentemente aparece con una expresión triste, cabizbajo y apagado. Es una persona a la que le cuesta relacionarse y que no conoce temas para vincularse que no sean la literatura, particularmente la nórdica.  El mismo hecho de vivir en un país, una  sociedad, diametralmente opuesta como lo es Noruega, refuerza este pensamiento  constante que se genera a lo largo de la película 

Lo verdaderamente impactante – para Martín – es la cena previa a su regreso cuando Carlos Giménez, el profesor en el secundario lo inspiró, le hace dar cuenta que en realidad todas aquellas convicciones que él tenia, comienzan a claudicar ya que, evidentemente las enseñanzas del antiguo profesor de literatura, habían sido malinterpretadas.

Sin dudas una excelente producción el cual refleja que el precio que se debe pagar por una vida abocada al trabajo y los estudios superiores es muy alto y llama a la reflexión para que pensemos si estamos dispuesto a soportarlo.

 

Guiion
Actuación
Arte
Fotografía

Muy buena producción. Una cachetada a la realidad de aquellos obsesionados pero que cumple la función de convertirse en un mensaje esperanzador.

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Ramiro Cruz

Estudiante de Periodismo en la Universidad Nacional de Avellaneda. Coordinador de redacción en "River desde la tribuna". Felizmente casado. De River, como mi viejo, Ortega y el Enzo. Lo mejor está por venir...

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