Existe una historia poco conocida sobre el papel de Italia durante un momento crucial en la historia chilena, en concreto tras el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende en septiembre de 1973. Por Bruno Calabrese.

El golpe de estado de 1973 en Chile marcó el comienzo de décadas de dictadura militar. “Santiago, Italia”, escrita y dirigida por Nanni Moretti, (ganador de la Palma de Oro en Cannes por “La Habitación del Hijo”) aborda el tema desde un ángulo poco convencional. En este caso, es el  apoyo que la embajada italiana en Santiago brindó a cientos de opositores al régimen. Durante los peores años de la dictadura, el personal de la embajada ofreció asilo a ciudadanos chilenos perseguidos que saltaron por encima de sus paredes de más de dos metros y salvaron muchas vidas.

Profesores, periodistas, artesanos, traductores, diplomáticos, directores: Moretti construye la película con una variedad de relatos, que se mezclan con materiales de archivo y se mezclan en una sola historia, que aún permanece viva. Sobre un tiempo en  que los ciudadanos chilenos experimentaron algo que había sido impensable hasta entonces: soldados arrojando bombas sobre sus propios edificios del gobierno, que albergaban a su amado presidente elegido democráticamente.

La embajada italiana entra en escena a mitad de la película, una de las pocas que permaneció abierta en Santiago después del golpe. Cuando comienza el relato sobre los desesperados cientos de chilenos aterrorizados que buscan saltar el muro y encontrar asilo.  Una pared de dos metros de altura, con ladrillos removidos aquí y allá para crear una especie de escalera, mucha gente camina alrededor de la embajada esperando el momento adecuado para saltar, niños envueltos en pañales por encima de las cabezas porque, tarde o temprano, alguien del interior se extenderá y tómalos, estos son los tipos de imágenes que vemos. Cientos de refugiados políticos chilenos fueron recibidos en Italia, donde encontraron la calidez y el apoyo de los partidos políticos y la gente común y se les dio dinero y empleos, especialmente en la llamada Emilia “Roja”, donde el 70% de los ciudadanos votaron por el PCI (Partido Comunista Italiano). “En el 73, Italia era un país maravilloso”, dice Rodrigo Vergara, un traductor. “Llegué a un país que era muy similar a lo que Allende soñaba con crear en ese momento”, confirma el empresario Erik Merino, “estos días Italia se está volviendo cada vez más como Chile, de la peor manera posible”.

A manera de thriller en el que el gran giro llega en la última toma, la moraleja de la historia se hace explícita en la entrevista final. Un hombre que ha vivido el infierno de la persecución política describe cómo Italia lo recibió de manera generosa. Hoy, señala tristemente, la ideología política italiana de la década de 1970, con su sueño de crear un mundo mejor y más solidario, ha degenerado en una sociedad tan egoístamente individualista como Chile en su peor momento.

Puntaje: 80/100.

 

 

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