Un hombre varado en el Ártico está por recibir finalmente su tan aguardado rescate. Sin embargo, tras un trágico accidente pierde esta oportunidad. A partir de este hecho, debe decidir si se queda resguardado en su campamento, donde está relativamente a salvo, o si se embarca en una mortal excursión a través de lo desconocido para salvarse. Por Bruno Calabrese.

Las historias de supervivencia han nutrido al cine en varias de sus formas. Circunstancias trágicas o accidentes colocan a los protagonistas en situaciones extremas, muchas veces debiendo afrontar problemas por cuestiones climáticas, algunas lesiones propias del accidente y otras contra la fauna salvaje. Enseguida se nos vienen a la memoria grandes clásicos del sub-género, como “127 horas” de Danny Boyle y “Viven!” de Frank Marshall, ambas basadas en casos reales,  y la multipremiada “El Renacido” de Iñarritu, película que le dió a Leonardo Di Caprio su primer premio Óscar a mejor actor.En el caso de El Ártico (Arctic, 2018), tenemos una mezcla de todas ellas, con obvias referencias a esos clásicos, siendo inevitable no recordar esos filmes en algunas escenas puntuales.

La película comienza con un piloto (Mads Mikkelsen), el que luego de que su avión caiga a tierra, debe sobrevivir en tan inhóspito territorio. Con muy pocos recursos ha logrado subsistir, con una rutina que le permite alimentarse en base a pescado crudo, resguardarse del frió dentro de la carcaza del avión. Mientras trata de emitir mensajes de auxilio sin alejarse mucho del lugar donde está asentado por riesgo de ser atacado por algún oso polar o quedarse en medio de una tormenta de nieve. Todo cambiará para el piloto cuando un helicóptero que vino a rescatarlo se precipite por una tormenta de nieve y la vida de uno de los pilotos dependa de él.

“El Ártico” va directamente al conflicto. Nada sabemos sobre la causa que hizo que el avión se precipite, es por eso que estamos ante una película donde el eje central es la supervivencia. Nos introducimos en la soledad del piloto, en su tranquilidad desesperada por encontrar alguien que lo rescate. Los silencios del lugar funcionan como un elemento extra, que sorprende en un principio y puede resultar tedioso en complemento con el paisaje completamente blanco de la nieve, pero una vez que uno se mimetiza con el ambiente logra transmitir las sensaciones del protagonista ante la inmensidad del paisaje. La escasez de diálogos profundiza el desasosiego en el que está inmerso el protagonista. En su ópera prima, Joe Penna opta por los primeros planos del actor para resaltar las expresiones de su rostro, lo que le otorga dramatismo a las situaciones extremas.  Esto permite el lucimiento de Mads Mikelsen en la mejor actuación de su carrera junto a “La Cacería” (Jagten), aquella joya de Thomnas Vitenberg del año 2012, por el cual recibió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. 

La situación límite a la que está expuesto el protagonista hace que cada minucioso instante del film sea un esfuerzo necesario para poder llegar vivo al siguiente segundo, siendo la misma una odisea cautivante para el espectador. Para los fanáticos de las películas de supervivencia extrema “El Ártico” cumple y con creces. Un film que se ahorra el clásico primer acto y el epílogo, que se disfruta y se sufre de manera similar. Cruel, cautivadora y sumamente entretenida, un thriller realista que no abusa de recursos que otras apuestas del género han explotado para acrecentar las emociones. Acá no hay personajes imaginarios ni viajes instrospectivos, solo él hombre luchando por sobrevivir contra las inclemencias del tiempo, la soledad y la escasez de recursos. 

PUNTAJE: 90/100.

 

 

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