La película  que dió inicio a la 21° del BAFICI se estrena en salas comerciales. Por Bruno Calabrese.

El film de Sebastián De Caro es una propuesta totalmente diferente a su anterior película “20.000 besos”. Mientras en su predecesora asistimos a un viaje introspectivo de un hombre que está entrando a los 40, recién separado, y que se niega a madurar: acá estamos ante una misteriosa comedia que narra la historia de Claudia Segovia, una obsesiva organizadora de eventos. La muerte de su padre y una suplencia de último momento para llevar adelante el casamiento de una pareja cuya familia es bastante extraña y peculiar, hacen que el mundo armonioso de Claudia cambie por completo. Sobre todo cuando Jimena, la novia, le exprese en secreto su deseo de no casarse.

Sin poder persuadir a la novia de rever su decisión y a partir de algunas extrañas actitudes de los familiares Claudia se obsesiona en investigar el porqué. Decide interrogar a cada uno de los sospechosos de haber arrastrado a Jimena a desear no casarse a la vez de que intenta llevar adelante la organización del evento. Un primo con actitudes peculiares, un novio ajeno a todo, un amigo del novio que siente algo por la novia, el padre de la novia que trata de tapar dolores del pasado con el casamiento. Todo encaja a la perfección para que intentemos develar junto a Claudia, ese halo de misterio que se esconde detrás del casamiento.

Con un obsesivo y cuidado sentido de la estética y de los planos, con una paleta de colores llamativa (imposible no relacionar el traje de Claudia con el de Jackie Brown, la película de Tarantino), Sebastián De Caro  maneja con inteligencia al espectador. Dejando siempre la sensación de que algo extraño va a suceder. ¿Pero sucederá?. Eso es lo que moviliza a Claudia y a su asistente. El director nos envuelve en una comedia repleta de enredos, situaciones incomodas y personajes extraños que parecen salidos de una película de Alex De La Iglesia.

Escenas de baile que remiten al cine de Quentin Tarantino y otras que se asemejan a los lisérgicos sueños de las películas de David Lynch, demuestran la multiplicidad de influencias que revisten sobre un cinéfilo como Sebastián De Caro.

Párrafo aparte para la actuación de Dolores Fonzi en el papel de Claudia Segovia. Muy bien secundada por Laura Paredes en el rol de su asistente, la actriz se lleva todos los aplausos como una mujer obsesiva que nunca se quiebra ni se pone nerviosa, aún en los momentos más angustiosos pero que con detalles en sus expresiones canaliza esa actitud de mujer imperturbable. Una película ideal para cinéfilos obsesivos de las referencias cinematográficas.

 

PUNTAJE: 80/100.

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