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“PECHITO, hijo de la vida” de Ruth Gómez. Crítica.

La ley de la calle

 

Hay diversos motivos por los que un documental puede causar atención y atrapar al espectador: una importante cantidad de documentales en la producción nacional permiten visibilizar algunos temas que no están dispuestos y son sistemáticamente ignorados por la agenda de la mayoría de los medios, otros que revisan nuestra historia reciente para poder construir un presente sin perder nuestra memoria y están aquellos que ponen el foco en el retrato de una personalidad sobre la que gira ese trabajo.

En este último caso, dar en la tecla con una personalidad carismática y que despierte el interés en el espectador, es una de las piezas fundamentales para que el documental funcione. Eso es lo que logra instantáneamente la directora Ruth Gómez cuando elige para su película a un personaje tan atractivo como Adrián Alejandro Ferreiro, más conocido como Pechito, un hombre que ha vivido por más de doce años en la calle, en la esquina de Scalabrini Ortiz y Santa Fe y formó parte del barrio hasta convertirse en un verdadero ícono de la zona.

Quien haya transitado en algún momento por esa esquina, aun eventualmente o quizás se lo haya cruzado una sola vez, es imposible que no se haya sentido atraído y recuerde su colchón, sus perros –fieles compañeros sin los cuales es imposible retratarlo- y su televisor. Su don de gente, su bonhomía, su capacidad de diálogo con los vecinos hizo que fuera querido por todo un barrio y que más allá de los vecinos, también fuese recordado por los comerciantes de la zona y hasta por turistas que pasaban a visitarlo en cada uno de sus viajes a Buenos Aires.


Pero Ruth Gómez no ha elegido a este personaje solamente por haberse ganado el corazón de todos los integrantes del barrio y sus alrededores a pesar de su situación tan precaria, sino porque además de poder contar una historia  fascinante, a partir de Agosto de 2013 la vida de Pechito da un giro total. Ese es el momento en el que un organismo perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires Presente, toma intervención ante una persona en situación de calle que se encuentra atravesando una emergencia, lo interna en el Hospital Piñeiro y poco después fallece, pero con llamativos signos de violencia que no fueron totalmente esclarecidos.

Problematizando esta situación y con una fuerte crítica social, “PECHITO, HIJO DE LA VIDA” pone el ojo en la función de protección que debiera ejercer el Estado, y que en éste como en tantos otros casos peca de ausente dejando justamente a las poblaciones más vulnerables, completamente en el olvido. La única posibilidad de supervivencia es gracias a la red de solidaridad que va surgiendo espontáneamente entre los vecinos, mientras las autoridades y quienes debiesen dar algún tipo de protección, continúan dando la espalda.

Justamente el caso de Pechito y todo lo que asoma en el documental, es una fuerte toma de partido a que podamos, más allá de todos nuestros prejuicios y los típicos preconceptos que se nos presentan ante un personaje indigente; descubrir a un ser completamente luminoso, con buen humor, que compartía lo poco que tenía comprándole golosinas a los chicos, ayudando a los adultos mayores y a aquellos vecinos con algún problema,  teniendo siempre una palabra o un gesto amable con todos aquellos con los que compartía su cotidiano, una forma de empatizar con el otro, que, lamentablemente en medio del ritmo de una ciudad descontrolada como Buenos Aires, la gran mayoría hemos perdido.

Ruth Gómez ilustra la enorme campaña que se generó vía Facebook frente a la desaparición de Pechito y registra con su cámara, el posterior impacto de todos los vecinos y participantes del grupo al conocer la triste noticia de su fallecimiento. La figura de Pechito fue tan importante que no solamente llegó a hacerse querer por sus vecinos sino que también cautivó a extranjeros, como el caso del fotógrafo cubano, Kaloian Santos Cabrera, que le dedicó una muestra completa a su figura.

El documental se construye en dos direcciones al mismo tiempo, la reconstrucción de su final y la responsabilidad que el Estado no ha asumido en su falta de cuidado por un lado, mientras que se va elaborando su perfil, su figura y su homenaje en la voz de cada uno de los vecinos que lo ha conocido, y muy particularmente de Viviana, la más allegada a Pechito y con la que tenía un vínculo de total confianza.

Hay momentos donde el testimonio de Viviana es desgarrador. Su honestidad y su sinceridad frente a cámara, los recuerdos y las ocurrencias que le despiertan una sonrisa lo constituyen en un verdadero pilar narrativo más allá de la pluralidad de voces a las que apela Gómez para lograr esa polifonía que se percibe desde un primer momento y que construye el retrato de ese Pechito que será un personaje inolvidable en la historia de Buenos Aires.

 

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Guion

La honestidad y la sinceridad frente a cámara de cada testimonio, los recuerdos y las ocurrencias que le despiertan una sonrisa a cada uno, constituyen un verdadero pilar narrativo en esa pluralidad de voces a las que apela Ruth Gómez para lograr esa polifonía que construye el retrato de ese Pechito, un personaje inolvidable en la historia de Buenos Aires.

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