Leonor (Anna Castillo) quiere marcharse de casa, pero no se atreve a decírselo a su madre. Estrella (Lola Dueñas) no quiere que se vaya, pero tampoco es capaz de retenerla a su lado. Madre e hija tendrán que afrontar esa nueva etapa de la vida en la que su mundo en común se tambalea. Por Bruno Calabrese.

Películas sobre gente joven que huye de la casa de la familia hay muchas, pero pocas sobre los padres que se quedan. Celia RIco nos trae un viaje íntimo y cuidadosamente sensible sobre la vida de una madre dentro del nido vacío. Gran parte de retratar una historia de estas características debe estar solventado por la carga dramática que los actores pongan en escena. Es por eso que las excelentes actuaciones de Lola Dueñas y Anna Castillo como la pareja de madre e hija, le dan mucho valor a esta película que emociona y conmueve. 

En una casa de pueblo, donde la ausencia del padre fallecido sigue presente a través de recuerdos familiares, viven Estrella y Leonor, madre e hija. La sincronía entre las dos es perfecta, el amor que se prodigan, su permanente preocupación de la una por la otra. A pesar de sentirse cobijada y protegida dentro de esas cuatro paredes, la chica quiere irse de la casa. Pero ese deseo quizás haga daño a su madre, y la falta de comunicación, tensa la convivencia.

La premisa es sencilla y fácilmente reconocible. En base a detalles que parecen pasar desapercibidos dentro del relato, podemos ver la gran cantidad de matices que surgen en la vida familiar, en una casa pequeña y con costumbres naturalizadas, que cuando no están se sienten y mucho. Los diálogos son precisos, sobre todo entre ellas, quienes con pequeños gestos y pocas palabras logran entenderse. La puesta en escena parece fácil pero el trabajo minucioso de las actrices a la hora de componer sus roles, hace que uno se sienta identificado y reconozcamos ese pequeño mundo.

Con tono cansino y mesura, sin escenas de agitación o conflictivas ni cuando la tirantez se hace presente en la relación madre e hija, “Viaje al cuarto de mi madre” refleja el miedo que puede tener uno a decir aquello que sabe que la otra persona no quiere escuchar. Madre e hija lo saben, pero también saben que no queda otra que partir y dejar partir, y quizás el teléfono funcione como una especie de cordón umbilical que hará que ambas se mantengan unidas a pesar de la distancia.

Puntaje: 80/100.

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