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“Las Ranas” de Edgardo Castro. Crítica.

Un largo camino en soledad.

Muchos festivales optaron por realizarse on line y El Vision Du Reel 2020 de Suiza es uno de esos. En el mismo se proyectó la nueva película del director de “La Noche” y “Familia” en el marco de la Competencia Internacional Burning Lights. Por Bruno Calabrese.

Dentro de la jerga carcelaria, se denomina como “las ranas” a las mujeres que visitan a los internos en prisión. Barbie (Bárbara  Stanganelli) es una de ellas, vive su vida vendiendo medias en la calle. Vuelve a su casa a cuidar a su hija y va a visitar Nahuel, su pareja, quien se encuentra en la cárcel. Su vida es rutinaria (ella se queja de ello) pero a pesar de eso no baja los brazos y sigue para adelante.

Con su ingeniosa habilidad para narrar historias, Edgardo Castro vuelve a sorprendernos con un emocionante film. Al igual que en “Familia”, aparece el amor  incondicional de la familia, pero también los caminos que uno recorre en soledad para llegar a ese lugar tan deseado. Como una metáfora de lo duro que es ese trayecto, Bárbara pasa gran parte de su vida arriba de un  tren o un micro para trabajar, para visitar a su pareja en Sierra Chica, igual que lo hacía Edgardo para llegar a estar con su peculiar familia.

Pero más allá de esas similitudes, “Las Ranas” tiene vida propia. Refleja una realidad triste, en tiempos donde se oyen voces duras contra la población carcelaria. Muestra una cara que pocas veces se ve, la de esas mujeres que se encuentran atrapadas en una vida que no desearon pero que les toca vivir. Una realidad que habíamos visto el año pasado en “La Visita” de Jorge Leandro Colás, pero que acá se transforma en un relato intimista donde la cámara sigue de cerca a una de esas jóvenes que visitan a sus parejas en la cárcel. Un film que nos permite ser testigos privilegiados, que nos mete en el día a día de una silenciosa Bárbara en sus viajes de un lado a otro, casi sin conectarse con su entorno. Una joven que solo esboza una sonrisa cuando juega con su hija, o cuando ve a una de sus compañera de ruta insultar a los autos que pasan mientras esperan el micro.

La música ayuda para contextualizar de manera perfecta los espacios por donde se mueve el film, suena Pity Alvarez o Bob Marley en un asado familiar, en otro la cumbia ameniza la película. La música se vuelve parte del relato cuando suena de fondo un tierno encuentro familiar donde todos realizan empanadas y el se permite darse el gusto de fumarse un porro con su padre.

Como es costumbre, Edgardo Castro no se guarda nada a la hora de reflejar algunas prácticas de “las ranas”, como la manera en la que esconden celulares dentro de su cuerpo para llevárselos a sus parejas. La cámara es testigo presencial de ese duro momento, previo a una fiesta dentro del penal, mientras ellas se preparan para el evento. Pero el momento se vuelve anecdótico cuando el relato vuelve a Bárbara, en ese silencioso encuentro con Nahuel, indiferente a todo lo que sucede a su alrededor.

“Las Ranas” logra conmovernos a través de silencios y miradas. Es una obra sensible, hecha por un director que logra trasmitir de manera perfecta los sentimientos más profundos del ser humano. Esta vez con un contundente film, que juega entre lo documental y lo ficcional, pero que muestra la otra cara de la población carcelaria, la menos visibilizada, la de esa leales jóvenes que día a día salen a ponerle el pecho a una situación que no eligieron pero que les toca vivir.

Puntaje: 90/100.

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