La película nos sitúa en las densas selvas y las neblinosas cimas de las montañas del norte de Colombia, en un espacio abstracto, ajeno al tiempo y la moral convencional. Un grupo de ocho soldados paramilitares llamativamente  jóvenes, niños en realidad, que realizan un exigente ejercicio de entrenamiento en la cima de una montaña, instruido por un hombre adulto (William Salazar) que, sin embargo, es más pequeño que su ejercito. La banda de jóvenes militarizados se conoce como los “Monos”; viven bajo el cruel mando militar de la imaginaria “Organización”, muy probablemente un sustituto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Viven en un estado perpetuo de combate, con un propósito general poco claro.

Dentro de sus filas se destaca la presencia de lo que ellos hacen llamar “una vaca lechera reclutada” y una ingeniera estadounidense (una excelente Julianne Nicholson) que han tomado como rehenes. Los jóvenes guerrilleros han dedicado los años de desarrollo más importantes de su vida a esta causa peligrosa. Los nombres de guerra de los jóvenes tienen la particularidad de ser parte de la cultura occidental: Rambo, Bigfoot, Boom Boom, Lady, Smurf y Swede. Entre ellos fomental la exploración sexual y el aclopamiento (algo similar al casamiento), previa aprobación en una ceremonia con todos los soldados presentes. Por la noche, después de que terminan los ejercicios, saltan y bailan a través de una enorme hoguera.

La película oscila desde primeros planos inquietantes de rostros cubiertos de lodo hasta extensas tomas de vegetación de la jungla extensas. Por momentos, “Monos” aumenta la tensión con una serie de enfrentamientos violentos. Sin embargo, incluso estos intercambios más dramáticos dejan espacio para pausas largas, con la cámara a la deriva a través del paisaje de la jungla mucho después de que la devastación haya concluido, como si solo la naturaleza tuviera la armadura para sobrevivir a esa guerra tan inútil. A medida que se desliza hacia el caos, “Monos” acelera hacia una conclusión fascinante que deja el destino de unos pocos personajes abiertos y la posibilidad de un nuevo capítulo. Si bien evita inyectar detalles específicos sobre los alrededores de la Guerra Civil que plagan las laderas del país, “Monos” sugiere que incluso si los guerrilleros huyen de la jungla salvaje, el resto del país no ofrece un escape.

“Monos” rastrea a un grupo disfuncional de jóvenes militantes mientras atraviesan terrenos peligrosos, participando en un comportamiento salvaje mientras juegan con su mortificada rehén estadounidense. La película proporciona una ventana al caos hambriento de poder en los márgenes de la sociedad que podría ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar. Ayudado por la apabullante banda sonora de la compositora Mica Levi (“Under the Skin”), Landes nos sumerge en una burbuja asfixiante, llena de suspenso sobre unos jóvenes alienados enredados en una batalla sin sentido.

Puntaje: 80/100.

 

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