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James Bond Abuelo. “El agente topo” de Maite Alberdi. Crítica.

Pocas películas logran retratar la ancianidad tan bien como esta.

Nacer, crecer, reproducirse y morir son las cuatro etapas del ciclo de vida para todos los animales. Los seres humanos lo mutaron agregando en el medio el deber de ser productivo para la sociedad en que habita. ¿Pero qué pasa cuando la sociedad cree que una persona ya no puede ser productiva para la misma? La denominan como viejo. Una etapa complicada de la vida donde la fuerza comienza a abandonar el cuerpo y todo se complica un poco más. Ser una carga, un contenedor de sabiduría, un problema o una forma de devolver cuidados, todo esto y mucho más explora Maite Alberdi en su documental “El agente topo”. La película seleccionada para representar a Chile en los premios Oscar y Goya ya se encuentra disponible en la plataforma de streaming Netflix

Un anuncio en el diario se propone buscar personas mayores de 80 años para realizar una investigación encubierta por 3 meses. Sergio se presenta a la entrevista y queda seleccionado. Su deber consta en ser los oídos y ojos de un detective. Sus días pasan tranquilos, forjando amistades, descubriendo las personalidades de sus compañeras y recabando información. Lo que él ni las personas del hogar de ancianos sabes es que todo es una gran mentira. El documental se transforma en una investigación antropológica sobre las últimas etapas de la vida. Quién mejor para describirlo que alguien que lo vive en carne propia sin saberlo.

Lo primero que salta a la vista es que todo es un gran engaño. termina siendo una gran cámara oculta. Por supuesto que con mejores intenciones que un programa cómico de la televisión. En ningún momento los realizadores parecieran aclarar sus verdaderas intenciones a los participantes. Al protagonista le hacen creer que es un espía y a las personas del asilo las convencen de que quieren registrar su cotidianidad, lo cual es una verdad a medias. A fin de cuentas si se pretende obtener imágenes de la vida dentro del hogar de ancianos pero incluyendo un agente externo que pretende darle una visión más objetiva al asunto. El espectador al igual que la cámara, siempre es como un ojo que todo lo espía, ubicada siempre en el lugar correcto. 

A pesar de lo dicho, se consigue una frescura inigualable, tal vez solo alcanzable a través del engaño. Los actores sociales parecen olvidarse que están siendo observados por un equipo de filmación, al igual que Sergio. Obteniendo así momentos muy cómicos y otros muy duros. La integración de la tecnología en sus vidas es uno de los elementos más interesantes. Maite demuestra cómo con paciencia y educación personas que se muestran reacias, logran aprender a utilizar un teléfono celular y porqué no unos lentes o lapicera con cámara, típicos de personajes espías como James Bond o Tom Cruice en alguna Misión Imposible. 

Los realizadores no se quedan solo con las risas, están comprometidos a poner en imágenes todos los aspectos de un lugar así. Desde las fiestas animadas donde todos bailan y se divierten, hasta las habitaciones de los habitantes que ya no son autosuficientes o los funerales. Retratando personajes pintorescos y otros no tanto, sobre todo aquellos que no aparecen en escena ni en el geriátrico. Sobre todo parientes quienes dejan aislados a sus familiares, con cuidados apropiados, si, pero totalmente solos. Deviniendo en que creen una familia entre los mismos ancianos, como también lo muestra Paco Roca en Arrugas. 

Divertida y humanamente real, “El agente topo” de Maite Alberdi consigue demostrarnos la realidad que viven quienes habitan una residencia para gente mayor. Al mismo tiempo que demuestra lo equivocado que está la idea de que una persona mayor ya no es productiva, la misma genera inevitablemente una sociedad con gerontofobia. Nacer también es morir y todos pasaremos por ahí. Dejemos de poner a un lado a los ancianos, tratemos a los demás como queremos que nos traten. 

Calificación

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música

Divertida y humanamente real, “El agente topo” de Maite Alberdi consigue demostrarnos la realidad que viven quienes habitan una residencia para gente mayor. Al mismo tiempo que demuestra lo equivocado que está la idea de que una persona mayor ya no es productiva, la misma genera inevitablemente una sociedad con gerontofobia. Nacer también es morir y todos pasaremos por ahí. Dejemos de poner a un lado a los ancianos, tratemos a los demás como queremos que nos traten. 

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