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Crítica de “El día que me muera” de Néstor Sánchez Sotelo

Dina Perelman siempre ha sido una madre controladora de sus hijos. Como sufre de aerofobia, sus hijos aprovechan y deciden armar sus vidas fuera del país, lejos del control maternal. Cuando todos los intentos fracasan para reunir a sus hijos, decide fingir su propia muerte y asi lograr que vuelvan. Con la ayuda de sus amigas, realizará un falso velorio donde todo  terminará descontrolado. Por Bruno Calabrese.

En “Stano Tutti Bene”, un clásico de Giuseppe Tornatore del año 1990, el personaje de Matteo Scuro (interpretado magistralmente por Marcello Mastroiani) es un siciliano, hombre autoritario, viudo y jubilado. Sus cinco hijos adultos viven esparcidos por toda la Italia continental, pero nunca van a visitarlo, de modo que decide él ir a verlos sorpresivamente durante el verano.

De la misma manera que aquel gran clásico, el director traslada la temática a una madre judía sin profundizar en cuestiones más serias como la vejez y las relaciones familiares, apelando al humor y al absurdo. Dina Perelman (Betiana Blum) vive sola y sus tres hijos se encuentran en el exterior. Su actitud controladora hace que la ignoren o respondan con evasivas ante los permanentes intentos de su madre por saber de ellos. A eso se le suma que Dina no puede visitarlos por su fobia a los aviones. Al no poder tener un contacto fluido, poco sabe las actividades de ellos. Cree que su hija, interpretada por Soledad García es una gran maratonista pero en realidad está en silla de ruedas y ella se lo ocultó. Otro, un actor (Lucas Ferraro) que se transformó en mujer, pero ella no sabe y piensa que está en los teatros europeos haciendo Hamlet. A eso se le suma que está conviviendo con una pareja de lesbianas, con quienes tuvo una hija, en una especie de poliamor.

El tercero, David (Alan Sabagh), el menor, un traficante de todo, (“menos de droga” aclara él “porque hay que tener códigos”). Pero Dina cree que es agente del Mossad y está en medio oriente combatiendo el terrorismo. Todo al revés de lo que ella se imaginaba con sus hijos. Pero nada de eso hubiese salido a la luz, si Dina no hubiese simulado su muerte, armado un velorio falso ayudado por sus amigas (Alejandra Flechner y María José Gobín) y su sirvienta de origen paraguayo (Gipsy Bonafina. El otro ayudante, es Marcos (Roberto Carnaghi), quien está enamorado de de ella y es dueño de un multiespacio donde se realiza el velorio falso.

La película funciona en un principio como una parodia del clásico italiano. Mientras el film de Tornattore resultaba una melancólica película, llena de tristeza e ironía en la que muestra la indiferencia de la sociedad actual, hablándonos de la soledad de los adultos mayores y de las relaciones familiares, en esta apela al absurdo y a la comedia permanentemente dejando el drama de lado. Betiana Blum explota todo su bagaje humorístico e interpreta de manera exagerada a la típica madre judía absorbente, que se dedica a llenar de culpa a sus hijos por no venir a visitarla. Apelando a su falsa muerte como una especie de venganza por ser ignorada y como excusa para poder verlos. Quien se destaca en su papel es Lucas Ferraro como el hijo transexual (la intro que canta en una especie de Josephine Joseph en la película “Freaks”, es lo más divertido de la película).

Por momentos las situaciones se vuelven reiterativas, con algunos  gags un poco forzados y mucha sobreactuación. Los personajes pierden fuerza a partir de que Dina conoce la realidad y el falso velorio es descubierto. Igualmente la película es divertida cuando roza lo grotesco y bizarro, convirtiéndose en una divertida comedia que no pierde ritmo en ningún momento.

PUNTAJE: 60/100.

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