Dos hermanos viajan a un pequeño pueblo costero para intentar cumplir la última voluntad de su madre recientemente fallecida: depositar sus restos en el mar. El único resto con el que cuentan es su mano prostética. Por Bruno Calabrese

El duelo por la muerte de algún familiar o ser amado ha sido un tema abordado muchas veces en el cine. Todo ese proceso por la pérdida afectiva requiere un trabajo complicado para elaborar y no caer en lugares comunes dramáticos que terminan haciendo un producto lacrimógeno. Mateo Bendesky logra salir de esos esquema y nos entrega un film que sale del molde de ese tipo de películas.

Gilda (Laila Maltz) y Lucas (Tomás Wicz), llegan a un pueblo costero para despedir simbólicamente a su madre. La forma no es la típica, los hermanos no tienen otra cosa más que una mano ortopédica. Lucas tiene 17 años y cierta inestabilidad sexual; Gilda de 20 años, emocionalmente frágil,  trata de comunicarse con su hermano, pero este la rechaza. En la casa ninguno de los dos se atreve a entrar al baño. Lo que se suponía iba a ser un trámite expeditivo, por el cual solo iban a pasar una noche se termina transformando en algo más largo, ya que un paro de micros los obliga a quedarse más días hasta que cese el paro.

El paisaje balneario fuera de época y algunos personajes más sirven para que el director profundice la relación de dos hermanos que ante la ausencia deben reconstruir su propia su relación y su existencia. La hermana basa todo lo que le ocurre en cuestiones metafísicas, mientras que el hermano busca en lo corporal cubrir esa soledad afectiva, ya sea practicando ju-jitsu o físicoculturismo como consumiendo drogas. 

En el medio de ese proceso aparecen algunos personajes secundarios, que, al igual que esa madre  aun presente en sus memorias funcionan como espectros que entran y salen de sus vidas. Todo confluye para que los hermanos se empiecen a acercar, muchas veces diciendo las cosas a medias, con frases inconclusas. Pero el acercamiento entre ellos dos se va produciendo de manera más clara con el correr de la película. Con ello salen a la luz reproches y sentimientos que de alguna manera sirve para cerrar heridas.

Con algunos gags notables, como esa charla entre seres pertenecientes a un juego en red. La película recurre muchas veces al humor y la ironía para descomprimir ese tono abúlico propio de una ciudad costera fuera de temporada. También para burlarse de ciertos recursos propios del universo evangélico que, se supone sirven para atenuar el dolor, pero que en este caso no dan resultado.

Los Miembros de la Familia es una película sobre el dolor. Sobre jóvenes que tratan de evadirse pero que a medida que van enfrentándose a sus miedos y exteriorizando sus sentimientos pueden superar esa pérdida, para poder conectarse con sus deseos.

PUNTAJE: 85/100

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