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“El Hoyo” de Galder Gaztelu-Urrutia. Crítica.

Cuando más alto trepa el monito.

Ganadora de la 52º edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges, la ópera prima del director vasco Gaztelu-Urrutia se estrenó en Netflix sin pasar por los cines. Por Bruno Calabrese.

Con la aparición de “El Hombre Invisible” de Leigh Whannell y ahora con “El Hoyo”, los amantes del género tienen la oportunidad de disfrutar en gran magnitud la vuelta del terror a los primeros planos dentro del mundo cinéfilo. Sobre todo si tenemos en cuenta que ambos films no son solo productos de los considerados “quicklies” (rapiditas en inglés, películas de terror hechas a la ligera, solo para responder las exigencias del mercado audiovisual). Estamos ante películas de una manufactura superior, que incluyen metáforas sobre la condición humana y de la sociedad que invitan a reflexionar, distintas a lo que suele llegar a los cines.

El hoyo al que alude el título, es en realidad el Centro Vertical de Autogestión, una especie de prisión, donde los reclusos se alojan en una especie de celdas verticales. En cada una de las celdas se alojan dos personas donde una vez por día desciende una mesa llena de toda clase de comidas. Los reclusos tienen minutos para comer lo más que puedan antes de que descienda. Deben aprovechar el poco tiempo, porqué no pueden guardarse comida, ya que en caso de hacerlo se enciende un sistema que aumenta o disminuye la temperatura sino descartan. La cantidad de pisos no se sabe exactamente pero son más de 200 y los presos están treinta días en cada uno de los niveles, sin saber  cual les tocará el siguiente mes. Lo que transforma  al lugar en una jungla de supervivencia donde solo hay tres tipos de personas: los que están arriba, los que están abajo y los que deciden saltar, incapaces de soportar esa agonía por más tiempo.

La historia sigue a Goreng (Iván Massague), quien ingresa al lugar de forma voluntaria por seis meses. Como pueden ingresar solo con un objeto al lugar, este elige el libro “Don Quijote de la Mancha” (el cual se convertirá en uno de los elementos claves para comprender el final). Al despertarse se encuentra en el nivel 48 junto a un viejo recluso, Trimagasi (Zorion Eguilleor) quien le explicará en que consiste el hoyo y que hoy está ahí pero el mes siguiente puede estar más abajo o más arriba. 

Lo que comenzará ahí es un festival que mezclará todo tipo de violencia, tanto explícita como simbólica. Goreng tratará de sobrevivir en cada uno de los niveles, desde el más bajo, donde nada llega y la necesidad provoca la perdida de toda racionalidad, llevando hasta la necesidad de apelar al canibalismo, pero también el sentimiento de solidaridad por los de más abajo cuando está arriba. 

Pero el film cae en una alegoría de la solidaridad, sino que es un fuerte reflejo de la condición humana actual. Sobre su individualismo, el “sálvese quien pueda” sin importar el otro. Goreng es distinto, es el caballero pobre que cita el Quijote, el que “no le queda otro camino sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso, no soberbio, no arrogante no murmurador, y, sobre todo, caritativo…”. Como Baharat (Emilio Buale), un afro que se encuentra en el nivel 6, pero que en lugar de pensar en la comida busca escapar del encierro. Ambos tratarán de cambiar a la sociedad del hoyo, sin entender que, como dice el Quijote, que “El grande que fuera vicioso, será vicioso grande y el rico liberal será un ávaro mendigo. Que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso tenerles, sino gastarlas. Y no el gastarlas como quiera, sino saberlas bien gastar” y que los cambios nunca se producen de forma espontánea como repite muchas veces Imoguiri (Antonia San Juan), un transexual que se encuentra encerrada junto a su perro y que raciona las comidas pensando en los de más abajo, buscando esa misma solidaridad en los demás.

“El Hoyo” reflexiona sobre la desigualdad, sobre la fallida teoría del derroche (que tanto daño a hecho en la Argentina), pero que también se toma momentos para burlarse de la hipocresía de la religión y de su falsa predica sobre la solidaridad. En tiempos de Coronavirus, donde el encierro es una de las salidas para erradicarlo, es una interesante reflexión dentro del un mismo contexto sobre el reparto de la riqueza y la diferencia de clases. No apta para estómagos sensibles, una película sobre la lucha de clases en el abismo, donde los que están arriba, en algún momento pueden estar abajo y viceversa: una mezcla de thriller de gente encerrada con sátira del consumismo autodestructivo.

Puntaje: 90/100.

 

Actuación
Arte
Guión
Edición
Música

"El Hoyo" es una interesante reflexión sobre la desigualdad y la distribución de la riqueza. Una película que nos obliga a pensar como actuaríamos en situaciones extremas.

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