Las películas biográficas atraen al público. Despiertan un morbo colectivo que lleva a querer vaticinar si lo que se verá en la pantalla es equivalente a la realidad. Si será una adaptación fiel de la historia, si el film mostrará el impacto popular que estos personajes tuvieron, si los actores son parecidos a esos personajes, etc. Los debates acerca de esas obras se libran casi en todos los ámbitos los días que anteceden al estreno de la cinta, ya sea hablando de José de San Martín, Gilda o Arquímedes Puccio. 

Con El Ángel, la conducta de la prensa y el público no fue la excepción. Lorenzo Ferro (Carlos Robledo Puch) fue escrutado mediáticamente para ver si pasaba una especie de examen de parecido físico con el asesino que lleva recluido 46 años. Y se debatieron, además, cuestiones de carácter moral sobre hechos que supuestamente no aparecían en la película.

Si las expectativas del espectador que se acerca a ver “El Ángel”, están muy arraigadas a la fidelidad de los hechos, es probable que se lleve una decepción: en este film de Luis Ortega la realidad es poco relevante. Los hechos, libremente adaptados, son acomodados a pedir del director entre secuencias que nos muestra que lo importante de la película es el Puch de Ortega, no las cosas que él hizo.
Y esto no quiere decir que la película divague y se aleje de la realidad. Sino que esta se ubica a la distancia necesaria como para hacer énfasis en las pequeñas cosas. En su historia de amistad que se vuelve una obsesión, en la filosofía de vida de este ladrón, de la relación con su familia y de su trato sociópata con todo el mundo.

Una fotografía bellísima, una banda sonora que no acompaña, sino que aporta ideas, y un montaje muy preciso en situaciones claves para el film, lo convierten en un coctel de tareas bien hechas. Además de un elenco, que está completamente a la altura, con Mercedes Morán, Chino Darín y Daniel Fanego brillando como los integrantes de la familia Peralta, entre otros.

Es destacable que el tanque argentino del año sea una película que toma riesgos constantemente, es incorrecta y le da un giro distinto a un personaje nefasto, pero no lo juzga como tal, sin terror a que parte del público se ofenda. Un poco como describen los Enanitos Verdes a Carlitos en la escena que abre, el film de Ortega sin preocupaciones va.

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