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Crítica Bojack Horseman temporada final

El show debe terminar, el caballo animado más querido de Hollywood se despide a lo grande

Las despedidas siempre duelen especialmente cuando se trata de personajes tan entrañables y tan humanos que incluso uno puede verse reflejado en ellos, aunque irónicamente el caso de Bojack Horseman es el un caballo animado. Netflix le dejó claro al guionista Raphael Bob-Waksberg que el tiempo del caballo en pantalla se había terminado y orquestó una temporada final dividida en dos de dieciséis episodios efímeros pero sublimes.

La temporada seis y final de Bojack es una montaña rusa literalmente hablando, estando la primera parte impregnada por la redención, el redescubrimiento y el amor propio por parte del protagonista y otros personajes, para luego ver en la segunda entrega la recaída, la vuelta de la oscuridad y la peor etapa de los personajes animados que se haya visto anteriormente. Irreverente y ácida e impropia de la época, el viaje de bojack termina en el interior del espectador.

Luego de la rehabilitación Bojack no intenta encaminar su vida, entendiendo que el daño que causó y que puede seguir causando es inconmensurable, intenta minimizar los daños colaterales de su existencia mientras los fantasmas del pasado lo persiguen y como buen hijo del rigor, el caballo monta esos peligros saliendo nuevamente herido pues claro, él siempre fue su propio peor enemigo. Pero no todo se trata de el, aunque menos sutilmente desarrollado, otros personajes como el ambiguo Todd si logran poner los pies sobre la tierra aunque de forma provisoria como la vida misma.

Por su parte Princesa Caroline sin dejar de ser la gata adicta al trabajo que todos conocemos, por fin encuentra su merecido pedazo de felicidad, con alguien tan adicto al trabajo como ella. Diane por otro lado en una última charla con Bojack deja en claro que su vida tambien encontro el carril correcto, no bajo su propio convencimiento sino que encontró su confort en tener confianza en los demás, y se culpa de no haber podido ayudar a Bojack lo suficiente, pero también decide ser un poco egoísta para pensar más en sí misma, al igual que el Señor Peanutbutter que sigue siendo un tiro al aire. 

La reflexión e inflexión final que nos deja Bojack Horseman, sin ser una serie animada pretenciosa ni sobre dramatizada, es que la felicidad no se puede enmarcar para exhibir en la pared, y que uno mismo tampoco puede exhibir su mejor versión en una vitrina estoico frente a los demás. Sino que la empatía tiene que ayudarte a cambiar, y ser comprendido para comprender a los demás, porque de eso se trata vivir, de seguir adelante incluso en los momentos en que todo el mundo te da la espalda. Bojack logró aceptar su peor parte y seguir adelante, y de esa forma su delineada silueta nos recordará siempre que nunca es tarde para cambiar y que solo quizás, algunos merecen una segunda oportunidad.

Puntaje: 90/100

Actuaciòn
Fotografìa
Guión
Música
Arte

Algunos personajes y conceptos no terminan de cerrarse, pero en concreto la serie tiene un cierre digno y a la altura de lo esperado, cerrando el ciclo perfectamente del protagonista Bojack, y de algunos personajes secundarios sin ir por el camino fácil, pero tampoco recurriendo a algo abstracto, sino que siempre mantuvo el carisma que lo caracteriza.

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Lucas Ritchie

Licenciado en Relaciones Laborales, aficionado a la cultura japonesa, series y anime.

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