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Cortometrajes ganadores BAFICI 2021

Las producciones de poca duración premiadas en esta edición.

Pocas horas quedan para el final de esta última edición del BAFICI, pero aun así, nobleza obliga, debemos dedicarle unas palabras a los cortos galardonados. En ocasiones tomados como producciones menores, argumento que no podría estar más errado, son pasados por alto en los catálogos en pos de los largometrajes. Suelen ser las herramientas de jóvenes directores para demostrar su potencial o dosis condensadas de audiovisual. 

COMPETENCIA OFICIAL AMERICANA

Comenzamos con el ganador a mejor cortometraje dentro de la competencia oficial americana: “Blanes esquina Müller” de Nicolás Botana. Una producción proveniente de la república oriental del Uruguay, que gambetea entre los géneros, mostrando un poco de comedia, otro de ciencia ficción y romántico. Demostrando que por más que existiera la posibilidad de predecir nuestro futuro, este es tan incierto y variable como lo es la vida misma. 

Tras un inexplicable suceso, un hombre es capaz de viajar en el tiempo a través de un portal abierto en su microondas. Este lo utiliza para viajar al pasado y advertirle que su pareja lo está por dejar por otro hombre. Explicada la situación organizan un plan para que esto no suceda y así poder modificar el futuro y ambos ser felices. Pero como todo viaje en el tiempo, esto no sale como lo habían planeado. 

Un profesor una vez me dijo, muy convencido, que un cortometraje tenía que ser un cross a la mandíbula. La analogía boxeadora no podría ser más acertada. Años después descubrí que un cross, es un golpe simple, pero que ejecutado con la técnica correcta y colocado con presión puede ser letal. Lo mismo sucede aquí, una idea simple, casi cliché, de viajes en el tiempo, ejecutada de manera correcta logra dar al espectador y conmoverlo.

Esto no quiere decir llegar a las lágrimas, a menos que sean de risa. Ya que aquí Nicolás Botana busca la carcajada, burlándose del destino, de la idea del mismo. “Blanes esquina Müller” consigue dar en la mandíbula, dejándonos con las expectativa de saber cuando va a ser el día que los audiovisuales uruguayos no fallen. 

COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA

Por el lado nacional, la ganadora de la competencia es “Fabián canta” de Diego Crespo. El mismo busca demostrar hasta donde estamos dispuestos a ceder para cumplir nuestros sueños. Con un humor que encuentra su lugar dentro de la incomodidad y por momentos el ridículo. 

Fabian es el dueño de un salón de fiestas, pero además canta covers de Serrat. Cuando una clienta entra buscando un lugar para festejar el cumpleaños de 70 de su padre, se encuentra que prefiere contratar a una odalisca en lugar de su show, para entretener la fiesta. De esta manera realizará un esfuerzo excesivo para lograr vender su canto sobre la danza del vientre. 

El punto fuerte del audiovisual se encuentra en las interpretaciones de los actores. Por un lado una ingenua Ana Katz, que busca cómo animar el cumpleaños de su padre. Demostrando que no solo es una excelente directora sino que además una gran actriz. Y un insoportable Germán Bermúdez, capaz de engañar y confabular en contra de otros espectáculos con tal de poder cantar alguna de sus canciones.

Diego Crespo hace de la incomodidad una gracia, llevando al extremo las acciones de su protagonista para luego realizar al final un giro que termina siendo la frutilla del postre. “Fabián canta”, aunque por momentos rozando el absurdo, consigue su cometido, generar en el espectador una sensación de vergüenza ajena que deriva en risas incómodas.  

COMPETENCIA OFICIAL INTERNACIONAL

En cuanto a la competencia internacional, la producción premiada es “Catavento” de João Rosas. Desde el otro lado del océano atlántico, el director portugues vuelve a presentar una de sus obras en el BAFICI. Trazando su historial de participación desde el año 2016. En esta ocasión indaga en la tumultuosa época en la vida, donde uno debe dejar de ser un adolecente para por fin convertirse en adulto.   

Nicolau está por terminar el secundario, pero se encuentra tan indeciso como perdido. Sin saber que quiere estudiar o si dedicarse a la música. Busca auxilio en sus mayores, les consulta por la vida adulta. Salir a trabajar, ser alguien en la vida, realizar una carrera que le asegure un trabajo. Son todas las preguntas que se hace el joven, mientras transita una edad de decisiones difíciles. 

El director y Nicolau se vuelven a encontrar, por segunda ocasión, uno detrás y otro delante de la cámara. El segundo vive y el primero lo observa a través de un lente. Una simbiosis que se expresa tan natural, donde pareciera que por momentos la cámara no existe como tal y el espectador se transforma en un espía de la vida del joven. Escucha y veo como si fuera una tercera persona sentada durante las conversaciones.

Invitando a reflexionar, pero al mismo tiempo demuestran lo compleja que es dicha época en la vida de las personas. Donde pareciera que cada decisión tomada puede ser incorrecta y marcar el destino a alguien para siempre. “Catavento” de João Rosas trata de decirnos que no es necesariamente así, la vida es para vivirla y equivocarse no es, valga la redundancia, un error. 

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